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lunes, 19 de junio de 2017

El desfile



Tengo la costumbre de tomar notas de los libros que leo cuando me parece que merece la pena. Hace tiempo leí "Sociofobia" del siempre estimulante César Rendueles. En un pasaje del ensayo nos presenta la distribución de la riqueza en España como un desfile encabezado por los ciudadanos más pobres, que tendrían una estatura menor, y que finaliza con los más ricos, que aparecen como gigantes. Es una manera curiosa, casi divertida, si no fuera por lo tragedia que esconde, de presentar esta realidad. A continuación os dejo íntegramente el extracto del desfile.

"El desfile comenzaría con gente muy bajita cuya altura va creciendo lentamente. A los diez minutos las personas que pasan delante de nosotros apenas llegan al metro de altura (un salario de unos mil euros brutos). Poco a poco la altura va aumentando y al llegar a la media hora —o sea, la mitad del desfile—, la gente que pasa ya mide un poco más de metro y medio (mil quinientos euros brutos). Cinco minutos después por fin se alcanza la altura media de ciento setenta centímetros. La verdad es que el desfile es un espectáculo muy aburrido. La altura aumenta muy lentamente y son un montón de gente. A los cuarenta y ocho minutos empieza a pasar gente con aspecto de jugadores de baloncesto de hasta dos metros y medio (dos mil quinientos euros) y en los últimos cinco minutos vemos llegar a personas de más de tres metros. En el último minuto por fin las cosas se ponen interesantes. Aparece gente muy alta, el 0,5% de la población, de más de diez metros. Entre ellos Mariano Rajoy, que mediría unos quince metros Entonces pasan unos pocos miles de asalariados que en España ganan más de seiscientos mil euros al año. Primero los más bajitos, que miden unos cincuenta metros (como una piscina olímpica), entre ellos José María Aznar. Al final los superasalariados, como Alfredo Sáez, consejero delegado del Banco Santander, que gana nueve millones de euros al año y mediría setecientos cincuenta metros o el futbolista Cristiano Ronaldo, que gana un millón de euros al mes y mediría todo un kilómetro. Aun así, estas estaturas son relativamente bajas si las comparamos con las de los muy ricos, que pasarían como centellas en los últimos instantes del desfile. En este caso no hay salarios, claro. Pero si pensamos en una gran fortuna de unos mil quinientos millones de euros (por ejemplo las de Florentino Pérez o Alicia Koplowitz) que rindiera al año un modesto 4%, tendríamos una altura de cinco kilómetros, más que el Mont Blanc. Incluso si aplicamos un criterio aún más restrictivo (digamos, el 2% de rendimiento), en los últimos instantes del desfile pasaría a gran velocidad una masa inverosímil. Es Amancio Ortega, dueño de Inditex y uno de los hombres más ricos del mundo, que con una fortuna estimada en treinta y siete mil millones de euros mediría más de sesenta kilómetros y tendría dificultades para respirar porque su cabeza estaría en la mesosfera. Dicho al revés, si Florentino Pérez midiera un metro setenta, una persona normal sería como un ácaro, o sea, invisible. Si tomáramos en consideración el patrimonio, las desigualdades serían mucho mayores, al igual que si el desfile fuera mundial. Grosso modo, unas mil doscientas personas tienen un patrimonio de más de mil millones de dólares en todo el mundo, sobre una población global de siete mil millones de personas y con unos ingresos medios mundiales de unos dieciocho mil dólares."


De "Sociofobia", César Rendueles


miércoles, 17 de agosto de 2016

"El Estado emprendedor", de Mariana Mazzucato



Bajo el sugerente título de El Estado emprendedor, la economista italo-norteamericana Mariana Mazzucato trata, y a mi entender consigue, desmontar ese mito interesado de que el Estado no puede tomar decisiones acertadas, que es torpe, burocrático e incapaz de asumir riesgo emprendedor. Y que el sector privado, considerado tradicionalmente más dinámico, innovador, eficiente y competitivo, es el que debe liderar el modelo capitalista.

Los hechos -el libro está plagado de ejemplos- contradicen esa tesis. Más allá del papel que desempeñaron los gobiernos de Japón en la década de 1980 o Corea del Sur en la de 1990, en Estados Unidos, paradigma del “libre mercado”, a través de sus distintas agencias públicas, la innovación tecnológica ha tenido y tiene una papel esencial y determinante; arriesgando allá donde el capital privado, ni siquiera el capital riesgo, ha sido capaz de entrar hasta que las perspectivas de rentabilidad económica han sido claras.
El argumento clave es que las nuevas tecnologías  más radicales en distintos sectores –desde Internet hasta el sector farmacéutico- tienen su origen en una inversión de un Estado atrevido y que asume riesgos.
El discurso (neoliberal) dominante oculta esta realidad, arrinconando al Estado a un papel residual. ¿Profecía autocumplida?

Asimismo, la autora reivindica, por imperativo ecológico, la necesidad de profundizar en el campo de las fuentes de energía alternativas; fundamentalmente la solar y la eólica.  Los gobiernos de China, Alemania o Dinamarca están apuntando en esa dirección, mientras que los del sur de Europa, como el de España, han decidido, lastimosamente, eludir ese sector.

En el último capítulo “Socialización del riesgo y privatización de los beneficios: ¿puede el estado emprendedor comer también de su tarta?”, Mazzucato apunta a una idea, a mi entender, muy razonable.  En la actualidad, el Estado emprendedor (o sea, los contribuyentes) asume ingentes gastos en I+D. Sin embargo, la mayoría de beneficios de esas inversiones públicas acaban en empresas como Apple, Google o Microsoft, o a las grandes farmacéuticas como Roche, Pfizer, o Johnson & Johnson. El beneficio indirecto de la fiscalidad resulta irrisorio en el capitalismo globalizado en que vivimos. Mazzucato defiende una participación directa en los beneficios, como ocurrió con Nokia en Finlandia. Estos beneficios deben reinvertirse en nuevas investigaciones y en sufragar los gastos de investigaciones fallidas, tan inevitables como útiles en la labor investigadora.

En resumen, Mariana Mazzucato defiende el papel del Estado no solo por su hoy denostada labor contracíclica (estimular la demanda en tiempos de recesión), sino también por su necesaria función emprendedora en sectores, como el I+D, donde la incertidumbre económica aleja a las empresas de invertir desde un principio, prefiriendo surfear en la ola creada por el sector público. Asimismo, concluye la economista, es preciso transformar la actual relación parasitaria del sector privado con el Estado por otra de carácter simbiótico.

sábado, 22 de febrero de 2014

Desastres ¿naturales?

Hace unos días estuvimos debatiendo en clase de inglés sobre desastres naturales.
Por "desastres naturales" convenimos entender aquellos fenómenos violentos causados por las fuerzas de la naturaleza sin que mediara la acción de la mujer (o del hombre). Es decir, terremotos, erupciones volcánicas, huracanes en América; tifones, que es lo mismo pero en Asia, tsunamis, inundaciones, sequías extremas, etc.

Para simplificar imaginemos que, efectivamente, los seres humanos no tengamos nada que ver con estos fenómenos. Digo imaginemos porque en algunos casos ello no es del todo así. Es muy posible que el actual cambio climático –el único en la Historia de la Tierra causado por causas antrópicas- tenga relación con algunos fenómenos atmosféricos. Que actividades extractivas como el fracking, -que es como el fucking pero en la corteza terrestre-, puedan tener efectos “naturales” no deseados –como con el fucking-. O que tratar de encauzar o redirigir cursos naturales de agua, pueda ocasionar crecidas muy perjudiciales para el entorno. La naturaleza es indómita y a menudo lo olvidamos.
Pero bueno, dejemos de lado esas sutilezas…

Algo que me pone de muy mal humor –algo más, quiero decir- es que cada vez que se produce un desastre natural, los medios de comunicación, la opinión pública, e incluso mis compañeros de clase de inglés, omiten aspectos estrictamente humanos que guardan relación con las consecuencias que estos desastres naturales producen.
Con un ejemplo se entenderá lo que quiero decir. Un terremoto de una magnitud “x” en la escala de Richter causa cientos o miles de muertos en, por ejemplo, Honduras o Nicaragua; y sin embargo, un terremoto de la misma magnitud apenas causa daños en San Francisco o en Japón. La razón es obvia: en estos lugares los edificios y las infraestructuras están preparados para resistir movimientos sísmicos. Y ello es debido a que estos países son ricos y se lo pueden permitir. Salvaron sus vidas y sus bienes gracias al poderoso caballero, don Dinero.

Los Mass Media no están interesados en entrar en este debate. Adentrarse en él podría conducir a cuestionar la cuestión de la riqueza y de la pobreza, la distribución y sus causas. No vale la pena…
La opinión pública tampoco está mucho para pensar, habiendo fútbol cada día. Así pues, condicionada por el enfoque mediático, se limita como mucho a lamentar: “Pobrecitos, encima que son pobres han tenido la mala suerte de sufrir un terremoto”. ¡No señor!, precisamente porque son pobres han muerto tantos y han perdido sus frágiles y humildes viviendas.

Pienso que a raíz de mis críticas, siempre incómodas -no es por presumir-,  una compañera intervino en el debate afirmando que si bien un desastre natural podía causar bastantes muertos en Centroamérica –y esto lo dijo rápido, como de pasada, como si se sacudiera el polvo de la americana-, lo cierto es que las pérdidas económicas – aquí ralentizaba el discurso para darle énfasis- que un desastre natural podría ocasionar en la costa Este de EEUU y más concretamente en Nueva York, podrían ser incalculables (y lamentables –debía pensar-).
¡Oh, my God! – me dije para mis adentros-, ¿cuáles son nuestros valores?...

En definitiva, y volviendo al tema central, creo que una expresión tan aséptica como “desastres naturales”, conduce a eximir de responsabilidad a los seres humanos. Sin embargo, es evidente que el reparto de los muertos que aquellos ocasionan guarda relación, no solo con la comprensible ira de la diosa Tierra, sino también con las formas de organización social, así como con las actividades del hombre (y de la mujer). 




lunes, 13 de mayo de 2013

Algunos libros de economía

En este post pretendo recapitular algunos títulos de los libros de economía que he leído (y estudiado) en los últimos tiempos.
Está claro que para entender lo que está ocurriendo en nuestras sociedades actuales, y más concretamente con la presente crisis –que no es sólo económica- no basta con aprender economía.
Limitarse a la economía es condenarse a no entender nada. Sin embargo, tener claro algunos conceptos económicos nos puede ayudar mucho.
Mi interés por la economía surgió de un interés más general por temas sociales. Como decía  la economista Joan Robinson, hay que aprender economía para no ser engañado por economistas.
Y es que a menudo muchos economistas nos presentan la economía como una disciplina demasiado difícil y compleja; ¡ustedes no intenten comprenderla, no son expertos, nosotros les diremos lo que conviene!
Bien, no se dejen amedrentar, adquirir algunos conceptos económicos básicos no es tan difícil. Más pronto que tarde se darán cuenta de que la economía, que por cierto hasta principios del siglo XX se la llamaba mucho más acertadamente “economía política”, es una disciplina social, y por tanto inexacta. Que las teorías que defienden los economistas muchas veces tienen más que ver con su ideología o con sus intereses que con una pretensión científica. Solía decir el entrañable José Luís Sampedro que había economistas que trabajaban para hacer más ricos a los ricos y otros economistas que luchaban para que los pobres fueran menos pobres.
Sin más prámbulos detallo a continuación algunos de los autores y títulos que recomiendo.

SAMPEDRO, José Luís:

  •  El mercado y la globalización, un pequeña joya para adentrarse en conceptos económicos básicos. Fácilmente comprensible.
  • La inflación (Al alcance de los ministros), en colaboración en su versión actual con Carlos Berzosa.
  • Economía humanística, algo más que cifras, se trata de un compendio de artículos.


MARTÍN SECO, Juan Francisco: 

  •  La trastienda de la crisis. Lo que el poder económico quiere ocultar.
  • La  farsa neoliberal
  • Economía, Mentiras y trampas
  
TORRES LÓPEZ, Juan
  •  La crisis de las hipotecas basura, ¿por qué se cayó todo y no se ha hundido nada?


GALBRAITH John Kenneth:
  •  La economía del fraude inocente, La verdad de nuestro tiempo
  • Breve historia de la euforia financiera
  • El dinero
  
NAREDO, José Manuel:

  • Raíces económicas del deterioro ecológico y social
  
OLIVERES, Arcadi:

  • Això no funciona. Què és l´economia?
  
HA-JOON CHANG:

  • 23 cosas que no te cuentan sobre el capitalismo

 EAGLETON, Terry:

  • Por qué Marx tenía razón

lunes, 11 de marzo de 2013

¿De verdad son insostenibles las pensiones?

Como cada domingo intento no perderme el programa de Jordi Évole “Salvados”. Siempre encuentro algo criticable, pero en general pienso que es de lo poco interesante que queda en televisión.

El programa de ayer sobre la viabilidad de las pensiones adoleció de haber entrevistado a un economista que no nos contó toda la verdad sobre el sistema público de pensiones. El profesor de la Universidad de Barcelona Diego Valero explicó de manera muy didáctica, eso sí, los problemas de la inversión de la pirámide poblacional. Esgrimió, como se hace siempre que se alegan razones demográficas, la relación entre el número de personas que cotizan y el número de pensionistas; como si fueran cabezas de ganado. Haciendo ver el peligro de que cada vez haya menos personas cotizantes que deban “sostener” a más perceptores de pensiones.

Este es un argumento muy manido y en parte acertado, pero tiene un problema: es incompleto. Los que se limitan a la hablar de la cuestión demográfica parecen olvidar la variable PRODUCTIVIDAD; ni la mencionan. El argumento demográfico podría ser válido si la productividad no variase nunca, fuese siempre igual. Pero no es así: a lo largo de la historia la productividad del trabajador –y de la sociedad, en general- ha ido aumentando; y se prevé que siga en aumento. El desarrollo tecnológico y la mejor formación del trabajador permiten al trabajador producir más en el mismo tiempo.

Por cierto, Adam Smith aludía a esto en su obra “La riqueza de las naciones” con el ejemplo de la fábrica de alfileres. Gracias a las máquinas, decía el filósofo-economista, un trabajador podrá producir no sé cuantos miles de alfileres más por unidad de tiempo. Lástima que el bueno de Adam Smith no dijera que gracias a las máquinas un trabajador podría seguir produciendo el mismo número de alfileres que antes pero teniendo el trabajador que trabajar menos horas. Hubiese sido la otra opción, pero es que Adam Smith era un burgués, no un trabajador fabril, se comprende…

Pues bien, si en lugar de haber entrevistado al profesor Diego Valero, hubiesen elegido a otro economista más crítico, como Vicenç Navarro, Alberto Garzón Espinosa, Juan Torres López o Juan Francisco Martín Seco, seguramente cualquiera de ellos habría hablado también de la variable demográfica, que obviamente se debe considerar, pero también de su utilización interesada cuando se escamotea la variable productividad.

Además en el programa de ayer el profesor Valero, siguiendo el discurso oficial, nos habló de la “hucha” de las pensiones, del pacto de Toledo, etc.
Bien, ese es otro tema que merece ser desenmascarado. No es de recibo hacer creer a la población que nuestras pensiones dependen de la "caja" de la Seguridad Social, de lo que entre y salga de ella. La realidad es que el hecho de que haya dos cajas: una para la Seguridad Social y otra para el resto de gastos del Estado es una cuestión meramente contable; detrás de ambas está la misma entidad: el Estado. Por tanto, no hay ningún motivo para pensar que si fuera necesario tomar dinero de la caja de gastos generales para  pagar las pensiones no se hiciera; se haría, llegado el caso. El Estado –al menos el Estado tal como está todavía hoy constituido- tiene la obligación de pagar pensiones dignas, cosa que el nuestro no hace, por cierto. En otros países las pensiones salen de los ingresos ordinarios del Estado como si fuera cualquier otra partida.

Mucho más suculenta me pareció la intervención del sociólogo alemán Antonio Brettschneider. Primero nos cuenta objetivamente lo que se está haciendo en Alemania, y luego nos da su opinión; y creo que lo clava.

Los planes de pensiones privados son un jugoso negocio que genera grandes beneficios a las empresas que trafican con los sueños de los trabajadores de tener una pensión digna. Lo habitual es que, salvo que se hayan hecho grandes aportaciones, y la mayoría de los trabajadores no pueden hacerlas, las pensiones privadas sean bastante magras. Eso sin tener en cuenta de que se trata de una lotería -es capital que ha jugado en bolsa- y se puede incluso perder dinero.

Al Estado, actualmente infundido de ideología neoliberal, le interesa fomentar las pensiones privadas para ir abandonando paulatinamente sus obligaciones. De esta manera se desentienden de esa importantísima partida en los presupuestos y contentan al gran capital financiero. Está todo pensado…

Así pues a la pregunta que da título a este post “¿De verdad son insostenibles las pensiones?, yo contestaría que en un país avanzado no tienen porque serlo; siempre y cuando mantengamos y profundicemos en el estado del bienestar.
El problema es que el estado del bienestar es incompatible con los deseos insaciables de beneficio de los capitalistas. O elegimos una cosa o la otra.

En economía al final siempre hablamos de lo mismo: cómo repartimos el pastel.

lunes, 4 de marzo de 2013

Miren Etxezarreta, conferencia en Gijón

Algunas notas a la conferencia: ¿Qué está pasando en la economía española?.


El dia 24 de enero pasado asistí a una conferencia de la profesora de economía aplicada Miren Etxezarreta en el “Antiguo Instituto” de Gijón.
En algún lugar nos cuenta que empezó a estudiar economía porque quería saber por qué había ricos y pobres; que en la facultad no aprendió mucho, y que ahora, después de muchos años empieza a entenderlo.
La charla fue muy instructiva; desgraciadamente no puedo hacer una transcripción de todo lo que contó; entre otras cosas porque se apoyó en abundante material (gráficos, fotografías,…). Así pues me limitaré a esbozar algunas de las ideas introductorias que resultaron también muy interesantes.
Sin más, transcribo con la máxima fidelidad -que es muy poca por lo limitado de mi memoria- algunas ideas de Miren Etxezarreta que, por cierto, comparto plenamente.


¿Para qué sirve el Estado? Entendiendo por Estado toda la red que comprende gobiernos (central, autonómico, local), Administraciones (las mismas), organismos públicos, etc.
En la escuela suelen contarnos que el Estado es, entre otras cosas, un árbitro para dirimir los conflictos entre las personas. Se caracterizaría por ser un ente “neutral”.
Bien, como en tantas otras ocasiones la verdad oficial no se corresponde con la realidad.

El Estado, dice la profesora Etxezarreta, sirve fundamentalmente para reproducir el mismo tipo de sociedad que lo sustenta, sea la que sea. Por ejemplo, en 1991 en la Unión Soviética el Estado fue incapaz de reproducir ese tipo de sociedad.

En toda sociedad hay clases dominantes y clases dominadas. El Estado, pues, reproduce ese mismo esquema contentando a las clases dominantes. Es cierto, también, que tampoco le interesa que las clases dominadas se enfaden “demasiado”; por eso en ocasiones observamos algunos “gestos” para calmarlas; el último, una disposición legislativa que ofrecía una prórroga para los parados a los que se les ha acabado el subsidio por desempleo.

Para que la población acepte un tipo de sociedad determinada el Estado utiliza varias estrategias, entre ellas:

La legitimización ideológica: cuenta como ejemplo cuando ella era niña y en el colegio rezaban por la conversión de pobres rusos, ateos y comunistas. Parece que con el tiempo sus plegarias fueron escuchadas.

La legitimización económica: el consabido argumento aquel de que el capitalismo no es perfecto (lo admiten sus defensores), en fin, que tiene sus defectillos, pero que es el mejor sistema posible; que ha elevado el nivel de vida del grueso de la población (eso es cierto), y que ya vemos que no hay alternativa, a tenor de lo visto con los ensayos comunistas.

Cuando la legitimación falla, o sea mantener a la población por medios pacíficos, el Estado no tiene inconveniente en utilizar la violencia (tiene el monopolio legal). Así la policía se convierte en un cuerpo represor, y se establecen leyes que limitan la capacidad legal para manifestarse, se persigue la disidencia, etc.

Cuando las clases dominantes temen que el Estado ya no les mantenga sus privilegios, es entonces cuando estas clases rompen la baraja. Dos ejemplos muy claros: España, 1936. Los grupos privilegiados -grandes propietarios agrarios y capitalistas industriales- temieron perder su status quo. Por tanto, auspiciaron o apoyaron -como la Iglesia católica- un golpe de Estado, con la consiguiente Guerra Civil y la posterior dictadura franquista.

Algo similar ocurrió cuando el legítimo gobierno de Salvador Allende en el Chile de 1973 fue derrocado por el golpe de Estado de Augusto Pinochet, instaurándose una dictadura que acabó con las políticas sociales y sometió al pueblo a una terrible represión.

La dicotomía entre Estado y mercado, o dicho de otro modo, sector público/sector privado ha existido desde que existen sociedades. El algunos momentos históricos y territorios ha tenido mayor protagonismo el sector público, en detrimento del privado, y en otros ha predominado el sector privado sobre el público.

Entre 1945 y 1975, por poner unas fechas aproximadas, se avanza en potenciar los sectores públicos de los Estados, tanto en Europa occidental como en EEUU. El Estado es enormemente intervencionista, y ello es visto como algo positivo bajo el pensamiento económico dominante, que es el keynesianismo.

A partir de los años setenta y progresivamente se van imponiendo en economía las ideas neoliberales que proclaman la superioridad absoluta de lo privado, y el desprestigio de lo público.

La puesta en práctica en Europa y EEUU de las políticas neoliberales llega de las manos de Margaret Thatcher y de Ronald Reagan, y en otras latitudes con los experimentos tan devastadores como los de Chile, Brasil o Argentina.

En la actualidad el poder está en manos del gran capital financiero e industrial, que utiliza organismos internacionales como el FMI o el Banco Mundial para obligar a los gobiernos a adoptar políticas neoliberales.

Los gobiernos, no obstante, tienen cierto margen de maniobra, por tanto tienen también su parte de responsabilidad.

La crisis, sigue contando la profesora Etxezarreta, es algo que evoluciona, no es algo estático. En 2007 explotó la crisis financiera, más tarde se contagió al resto de la economía –crisis económica (de la actividad productiva)-, y ahora estamos en la crisis de la deuda pública. Y seguirá evolucionando.

Lo que parece claro es que las consecuencias de la crisis, o mejor dicho, de las políticas que se están implementado para combatirla, están haciendo mucho daño a la mayor parte de la población; y todo para beneficiar a unos pocos, a los más ricos.

Sin descargar culpa a los políticos (es más, insiste en que tienen su margen de maniobra pero muchas veces no lo utilizan), Miren Etxezarreta quiere señalar a los verdaderos culpables son los propietarios de la riqueza, los dueños del capital, y que, cómodamente, ven los toros desde la barrera pues casi nadie les señala a ellos. Estos manejan los hilos de los políticos que a su vez despliegan sus hilos sobre la población.


La charla dio mucho más de sí; la profesora aportó gráficas y fotografías que fue comentando, y que entraron de lleno en tratar de responder a la pregunta que da título a la conferencia.

martes, 15 de enero de 2013

"La inflación", de José Luis Sampedro




“Inflation for benefit of the few” (Inflación en provecho de una minoría).
Ezra Pound, poeta que no tenía nada de marxista



Recuerdo una reunión familiar hace ya tiempo. En ella una tía mía que cursó solo estudios primarios formuló una pregunta menos estúpida de lo que pudiera parecer en un primer momento: ¿Por qué suben los precios?. ¿Cómo? –dije yo para ir ganando tiempo mientras pensaba una respuesta-. Sí, ¿por qué tienen que subir los precios de las cosas?, ¿por qué no cuesta todo siempre lo mismo?.

Como en mi pequeño núcleo familiar tengo cierta consideración de persona intelectualmente preparada, lo cual no es del todo mérito mío, me sentí obligado a dar una respuesta. Debí decir algo así como que existía crecimiento económico, cada vez mayor riqueza y, por tanto, más dinero en circulación. Por ello, el precio de las cosas subía. Puso cara de no entenderlo, lo cual no me extrañó pues ni a mí mismo me convencía mi explicación.

Tiempo más tarde cayó en mis manos una joya -otra más- de José Luis Sampedro. Ojalá la hubiese leído cuando mi tía formuló aquella pregunta. “La inflación (Al alcance de los ministros)”, que en su versión actualizada cuenta con la colaboración del también economista Carlos Berzosa.

En cualquier manual de economía vamos a encontrar definiciones sobre la inflación y sus causas. Pero la mayoría de manuales, dice Sampedro, ocultan explicaciones, la teoría convencional ofrece una versión incompleta de la realidad. No es que mientan, pero sí evitan entrar en las causas profundas que explican el fenómeno de la subida de los precios. Una explicación realmente comprensiva implica entrar en terrenos como el análisis de la estructura social y las relaciones de poder entre los distintos grupos sociales, la naturaleza del capitalismo, etc. En definitiva, aspectos sociológicos que superan los límites de la ciencia económica.

Cuenta Sampedro que existen dos tipos de economistas: “Los que trabajan para que los ricos sean cada vez más ricos y los que trabajamos para que los pobres sean menos pobres”.
Este ensayo del viejo y entrañable economista y escritor es un claro ejemplo de su vocación y lucha por la justicia social.
Aquellos que quieran saber realmente qué es la inflación y sus causas no pueden dejar de leer este libro. No lo lamentarán.

domingo, 15 de abril de 2012

Raíces económicas del deterioro ecológico y social



Bajo el sugerente título de Raíces económicas del deterioro ecológico y social se esconde un ensayo muy interesante del economista José Manuel Naredo.
El autor reinterpreta problemas sociales y ambientales desde perspectivas más amplias de las habituales.
A continuación presento algunos de los temas que desarrolla este ensayo.
La actual ciencia económica se consolidó en el estudio exclusivo de los valores monetarios, cortando el natural cordón umbilical con la ecología.
La economía, como disciplina que trata de la asignación de recursos que son limitados, nunca debió olvidar su base física: los recursos naturales (alimento, materias primas, fuentes de energía).
La idea de crecimiento surge en el siglo XVIII, bajo una visión organicista de la Tierra apoyada en una concepción, entonces vigente, de permanente crecimiento de animales, plantas y minerales. La idea de crecimiento resultaba entonces coherente con la creencia de un mundo físico en expansión, que incluía el reino mineral. En aquella concepción equivocada el crecimiento económico se correspondía con el crecimiento físico.
A fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX la geodesia, la mineralogía y la química modernas desautorizaron la antigua idea del crecimiento de los minerales y de la Tierra misma, por ello, los economistas clásicos no pudieron menos que aceptar que el crecimiento de la población, la producción y los consumos (materiales) resultaban inviables a largo plazo.
No obstante, los economistas de finales del siglo XIX y principios del XX, llamados neoclásicos, acabaron vaciando de materialidad la noción de producción, separando ya por completo el razonamiento económico del mundo físico, y completando así la ruptura epistemológica que supuso desplazar la idea de sistema económico –con su carrusel de producción , consumo y crecimiento- al mero campo del valor.
La mitología del crecimiento subraya sólo la parte positiva del proceso económico –las ganancias de dinero y su supuesta utilidad- cerrando los ojos a los daños sociales y ambientales que origina. Así el término producción se acuñó y popularizó como parte del discurso económico dominante, para encubrir el doble daño ambiental: la extracción de recursos y la emisión de residuos. Este último, principal problema ecológico de los países ricos.
Ciertamente, en los años setenta, a raíz de las crisis energéticas (1973 y 1979) y tras cierta concienciación sobre la problemática (deforestación, deterioro de suelos, posible aumento de la desnutrición, enfermedades, conflictos,…) se llega a cuestionar el sistema productivo en muchos foros (el PNUMA -Programa de la Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente-, los informes Meadows sobre los límites del crecimiento, etc.). Desgraciadamente, en los años ochenta el abaratamiento de las materias primas y el oportuno lavado de imagen condujeron a que se olvidaran o tildaran de catastrofistas las anteriores advertencias.
En la actualidad se trata de tranquilizar a la población con políticas de “imagen verde”, en que todo tiende a calificarse de ecológico y sostenible, ocultando o banalizando las contradicciones y daños ocasionados sin cambiar los criterios de gestión.
Asimismo, el concepto de crecimiento fue sustituido por el de desarrollo, mucho más amable. Que a su vez aderezado con el mágico adjetivo sostenible, acabó por ocultar un hecho incontrovertible: si por desarrollo se acepta el crecimiento de cualquier variable física –y así es- el desarrollo esconde crecimiento y por tanto, la expresión “desarrollo sostenible” acaba resultando una contradicción en términos, un oxímoron.

El ensayo se adentra en muchos aspectos que sería prolijo reseñar en este post, por lo espero los trazos aquí dados sirvan para despertar la curiosidad del lector por este excelente ensayo.



Para acabar quiero citar una anécdota que también cuenta Naredo en su libro.
Cuando la India logró la independencia, unos periodistas le preguntaron a Gandhi si el nuevo país trataría de lograr el nivel de vida británico. A lo cual respondió el líder indio: “Si el Reino Unido ha necesitado expoliar medio planeta para conseguir ese nivel de vida, ¿cuántos planetas necesitaría la India?."

miércoles, 15 de junio de 2011

El pacto del Euro







El próximo 27 de junio está previsto que se firme en Bruselas el Pacto del Euro, un motivo más de preocupación para la mayor parte de la población.


Os dejo esta dirección con una presentación sencilla y clara sobre lo que implica este acuerdo.












sábado, 19 de febrero de 2011

Planes de pensiones. La visión de un empleado de banca

Si en mi anterior post exponía brevemente las razones por las que estoy en contra de los planes de pensiones privados, en este artículo doy la palabra a un conocido mío al que, para no desvelar su identidad, llamaremos Emilio Botón.
Emilio es un empleado de banca de unos cincuenta años que lleva trabajando en el sector toda la vida. Goza de una situación económica muy acomodada, tiene una esposa que, al igual que él, gana un buen sueldo y un hijo. Su patrimonio se ha forjado no sólo de su trabajo y de sus inversiones sino también de alguna herencia.
Hace algunas semanas estuve departiendo con él y tuve la maliciosa idea de preguntarle cómo se veía la crisis económica desde el punto de vista de un empleado de banca. Su primera frase fue que la crisis era muchísimo peor de lo que se decía en los medios. No me sorprendió, la verdad.
Emilio atribuyó la crisis a un excesivo e irresponsable uso del crédito por parte de los ciudadanos, a un haber vivido durante unos años por encima de nuestras posibilidades. Por supuesto, exculpó por completo a la banca, bueno, por completo no, pues dijo que la culpa de la crisis era de todos (imagino que eso incluye también a la banca). Bueno, a eso lo llamo yo socializar las culpas.
Esos argumentos ya los hemos escuchado o leído miles de veces, y no digo yo que no escondan parte de razón, pero en mi opinión son deliberadamente sesgados e incompletos, evitando ir al corazón del problema.
Pero me había propuesto hablar de los planes de pensiones según Emilio Botón así que no hago esperar más al lector.
Emilio me recomendó que jamás contratase un plan de pensiones, lo cual me sorprendió sobremanera viniendo de un empleado de banca.
Toni –me dijo- mira lo que ha ocurrido en Argentina, el gobierno ha nacionalizado los planes de pensiones privados, y ha dicho, señores, no se preocupen, van ustedes a cobrar sus planes de pensiones. Pero he aquí un señor al que le correspondían 600 euros de pensión pública y 2000 euros por la privada, y le han dicho, tiene usted razón, le corresponden 2000 euros más 600 euros, total 2600 euros, es cierto, pero….(acentuó ese pero para remarcar que era importante lo que seguía a continuación),pero, la pensión máxima son 1500 euros, así que el resto no lo va usted a cobrar.
¡Hay que joderse!, apuntilló Emilio. Y añadió, como ves no es buena elección hacer un plan de pensiones porque te llega un gobierno social (sic) y te jode tus ahorros. Me hizo gracia el desprecio con que decía eso de un gobierno social.

Para el que tenga curiosidad sobre qué hacer con sus ahorros me habló de diversificar, jugar en la bolsa, comprar alguna plaza de parking para que te rente, etc.
En fin, aunque una garganta más profunda que la excavada por el río Colorado separa nuestra manera de pensar, la charla mantenida con Emilio fue de lo más estimulante.

sábado, 5 de febrero de 2011

Planes de pensiones. Primera Parte

Como es sabido existen dos maneras (en realidad tres) de proveer las pensiones de jubilación: por capitalización, por reparto y mixta.
La primera, utilizada en los EEUU, es un sistema donde las personas -las que pueden- invierten parte de sus ahorros en fondos de pensiones privados que son gestionados por entidades privadas. Cuando te jubilas recuperas -si todavía está- lo invertido más lo generado en la forma que se haya pactado.
El sistema de reparto es el existente en España, donde el dinero de las pensiones procede de las cotizaciones de los trabajadores en activo. Podría obtenerse también vía impuestos. En cualquier caso estamos hablando de dinero existente en un momento dado y no de rendimientos que nadie puede garantizar.
El sistema mixto, utilizado en Francia o en Japón, combina los dos anteriores. En España se está tendiendo a este último.
Tanto el sistema privado como el público han participado en la provisión de pensiones desde hace mucho tiempo, a veces repartiéndose el trabajo pero de un tiempo a esta parte en clara competencia. Muchos gobiernos, presionados por el FMI, el Banco Mundial y en última instancia por la banca, han favorecido a los proveedores de pensiones privadas en detrimento del sistema público de pensiones.
La experiencia nos dice que los planes de pensiones privados sólo son contratados por sectores de la población con cierta capacidad de ahorro, quedando excluida gran parte de la población mundial; y que los rendimientos están por debajo del I.P.C. en el mejor de los casos, cuando no resultan desastrosos en momentos de desplome de los mercados bursátiles.
Suena un poco a una lotería donde uno acaba conformándose con obtener la pedrea.

No estoy en contra de los planes privados de pensiones per se, sí lo estoy desde el momento en que los gobiernos toman medidas para debilitar el sistema público de pensiones. Paul Samuelson, economista de Harvard y premio Nobel publicó un artículo en el que confirmaba la fortaleza de la financiación basada en el reparto. (“An Exact Consumtion-Loan Model of Interest, With or Without the Social Contrivance of Money”, Journal of Political Economy.)

Desde un punto de vista social entiendo que el sistema público de pensiones -el sistema de reparto- es sostenible y más justo.
Para el particular la ventaja del plan de pensiones privados es la desgravación fiscal, lo cual, en su reverso, implica que ingentes cantidades de dinero son dejadas de percibir por el Estado. El gran beneficiado es el sector financiero, ya de por sí excesivamente poderoso; capaz de desestabilizar países enteros, crear riquezas imaginarias y condicionar enormemente las políticas de los gobiernos.

Si le piden opinión a un empleado de banca –lo más probable es que ya se haya dirigido a usted para ofrecerle el producto- le dirá que es una muy buena opción, le largará eso de que las pensiones públicas no se sabe cómo acabarán, etc. Lógico, te meten el miedo en el cuerpo para venderte su producto.
Sin embargo, no hace mucho estuve hablando con un conocido mío, empleado de banca con larga experiencia en el sector quien, en confianza (me hablaba como amigo, no como bancario) me advertía de que JAMÁS hiciese un plan de pensiones. Debo añadir que esta persona no es precisamente sospechosa de izquierdosa. Los motivos que me dio fueron muy pragmáticos. De ello escribiré en el próximo post.

sábado, 22 de enero de 2011

¡La productividad, estúpido, la productividad!


El argumento demográfico para explicar la necesidad de prolongar la vida laboral y aumentar el periodo de cotización sobre el que realizar el cálculo de la pensión es simplista, falso, perverso, injusto e interesado.
¿Por qué es simplista? Porque olvida deliberadamente una variable fundamental: la productividad.
¿Por qué es falso? Porque al olvidar la productividad las conclusiones no son correctas.
¿Por qué es perverso? Porque mucha gente carece de los más básicos conocimientos económicos y llega a creer en esa burda ecuación. Especialmente cuando son repetidos machaconamente por los Mass Media, ya se sabe que una mentira repetida mil veces se convierte en verdad.
¿Por qué es injusto? Porque supone pérdida de calidad de vida, un retroceso en las conquistas sociales; porque las clases más desfavorecidas (que viven menos) pagarán las pensiones de las más favorecidas (que viven más). Porque una cosa es vivir más años y otra es vivirlos con salud.
¿Por qué es interesado? Porque perjudica a las clases trabajadoras y beneficia al gran capital. A la banca, que se frota las manos por colocarnos sus planes de pensiones, y a las rentas más altas que, lógicamente (desde una lógica insolidaria, claro), no quieren sopesar la idea de colaborar en el mantenimiento de pensiones ni otros gastos públicos.
Vuelvo al argumento de la productividad. Si producción es el total producido en un año (eso sería el PIB o la renta nacional), la productividad es el trabajo realizado por unidad de tiempo, normalmente, por hora.
La productividad es una variable que aumenta constantemente, fundamentalmente por el avance de la tecnología y por la mejor preparación de los trabajadores.
Lo normal es que el aumento de la productividad conlleve un aumento de la producción. De esta manera, ¿qué importancia tiene que, tal vez, en el año 2050 haya que destinar un 15% del PIB a pensiones (actualmente es el 8%) si el 85% restante para acometer los otros gastos del Estado va a ser mayor en términos absolutos que el 92% actual?.
Pero compliquemos el escenario. Imaginemos que a pesar del aumento de la productividad, y por tanto de la producción, la caja de la Seguridad Social –la más saneada, por cierto-, no pudiera sostener las pensiones. Pues de la misma manera que se hace en otros países el dinero para las pensiones puede salir de los impuestos. Al fin y al cabo, el Estado es UNO, el hecho de que en España se decidiera trabajar con dos cajas de contabilidad: la de la Seguridad Social y la de los otros ingresos del Estado (impuestos, tasas, transferencias al Estado, intereses,…) es sólo una cuestión contable.
Conclusión, que la reforma de las pensiones, al menos en el sentido en que se está hablando, es un nuevo ataque al Estado del Bienestar.
Aviso para navegantes: ¡no nos rendiremos!

lunes, 22 de noviembre de 2010

La trastienda de la crisis (Martín Seco)

En LA TRASTIENDA DE LA CRISIS. Lo que el poder económico quiere ocultar, Juan Francisco Martín Seco trata de explicar las verdaderas causas de la actual crisis económica. Tras las hipotecas subprime se esconde lo que se conoce como la paradoja de la libertad. La libertad llevada al límite se autodestruye. Así, en economía, la libertad absoluta de los mercados crea una serie de problemas que hacen inviable el sistema.
A continuación esbozo algunas de las ideas que aparecen en la introducción y que el autor desarrolla a lo largo de los capítulos de este interesantísimo ensayo.

Desde hace aproximadamente 30 años se ha ido imponiendo en el pensamiento y en la realidad económica esa doctrina autodenominada neoliberalismo económico, cuya pretensión es retrotraer el sistema económico al capitalismo salvaje del siglo XIX. No ha alcanzado plenamente su objetivo pero ha derribado diques que dotaban de estabilidad al sistema, de esta manera han surgido los desequilibrios de antaño y, lógicamente, las mismas crisis.
Se dice que las llamadas hipotecas subprime de EEUU han sido la causa de la crisis, pero éstas, en todo caso, fueron simplemente el detonante de un mal mucho más profundo.
La economía española tras una aparente prosperidad venía acumulando profundos desequilibrios. Llevábamos doce años creciendo a crédito, que tarde o temprano había que pagar. El endeudamiento de las familias se produce en parte por la burbuja inmobiliaria (creada a lo largo desde al menos una década) pero también por el empeoramiento en la distribución de la renta.
El crecimiento se sustentaba en la construcción y en el consumo pero no se había traducido en mejoras salariales sino en la creación de empleo de muy baja calidad y en un fuerte incremento del excedente empresarial. Los salarios no consiguieron mantener el poder adquisitivo.
Los diferentes gobiernos han practicado una política fiscal conservadora, de estabilidad presupuestaria y privatización de empresas públicas, reduciendo el stock de deuda del Estado, sin embargo el endeudamiento de empresas y familias aumentaron el déficit exterior.
Los parámetros en que España entró en el euro fueron perjudiciales para el país; a la imposibilidad de devaluar la moneda se suma el montante de déficit exterior que no hubiese llegado con la peseta.
La recesión era inevitable: el catalizador, las hipotecas subprime. Los verdaderos factores de la crisis y de su propagación hay que buscarlos en la desregulación de los mercados financieros, la ambición desmedida de los bancos y de sus administradores, la desproporción y mal diseño de las retribuciones de estos últimos, la externalización de los balances y titulación, la existencia de paraísos fiscales, la complicidad culpable de las agencias de calificación, etc.
En el fondo la auténtica causa de la crisis hay que buscarla en la paradoja de la libertad: la libertad llevada a extremos se autodestruye y deviene en caos y anarquía. El liberalismo proclama la absoluta libertad económica; la propiedad como derecho a usar, disfrutar y abusar.
Se ha constatado que el capitalismo sin límites lleva el germen de la autodestrucción. Primero, porque la enorme desigualdad genera rechazo: contestación social, revueltas y revoluciones que amenazan el sistema, y segundo porque el propio modelo origina un cúmulo de desequilibrios que ocasionan crisis continuas.

viernes, 29 de octubre de 2010

El gran casino europeo

Ahí os dejo un video muy interesante y divertido.
Sólo dura 3 minutos, pero todos ellos muy buenos.

http://vimeo.com/15248048


A disfrutarlo y divulgarlo!

Saludos