sábado, 22 de marzo de 2014

22 de marzo: Marchas de la dignidad

Cuando uno está derrotado, ya solo le queda la dignidad.
Hoy confluyen en Madrid las “Marchas de la dignidad” en una manifestación que será, sin duda, multitudinaria.
En uno de los grandes medios de comunicación, creo que Tele 5, hablan, ¡por fin!, en la previa del partido, de estas Marchas de la dignidad, pero la subtitulan (para los que no lo entiendan) “Marchas contra la crisis”. ¿Ignorancia o cinismo? Obviamente, no se trata de una concentración contra la crisis, sino contra las políticas neoliberales que, so pretexto de la crisis, nos están imponiendo.
Por supuesto, nos informan del amplísimo despliegue policial…¡ya van enviando mensajes subliminales al telespectador!.  Y es que cuando cuestionas el régimen –esto ya no es un gobierno sino un régimen- tienes bastantes números para ser un violento. Por cierto, el violento ¿nace o se hace?. Y otra duda: ¿quiénes son los violentos? Disculpen mi ignorancia…

Sí, el discurso neoliberal carece de argumentos propios para convencer a nadie en su sano juicio; la batalla de las ideas la tiene perdida de antemano; no aguanta un solo asalto…y sin embargo, ahí está, más fuerte que nunca. ¿Por qué?
Seguramente existen varias razones que explican cómo un sistema agotado como este sigue “funcionando”.
Sin duda se sostiene gracias a una compleja máquina propagandística. Y es que el capitalismo no es sólo un sistema económico, también es un modelo cultural, con su sistema de valores como, por ejemplo, el consumismo. Estos valores, divulgados hasta la suciedad (sic) por la cultura (TV, cine, escuela, estructura del trabajo, formas de ocio, etc.)  han sido ya perfectamente interiorizados por la población. De esta manera hay cosas que (casi) nadie se cuestiona…”tengo derecho a Internet”, “la propiedad privada es sagrada”, “vivimos en una democracia”, “es deseable (necesario) el crecimiento económico”, etc.
De otro lado disponen del monopolio de la violencia legal: ejércitos, policía, cárceles, leyes,…
En otras palabras, si no os convencéis por las buenas, mediante la asunción de la ideología,  que es lo deseable, nos obligaréis a blandir nuestras armas, que hacen pupa.
La cuadratura del círculo la consiguen con una legislación a su medida. Habría que acuñar expresiones como “Delincuencia legal”, “Robo por Decreto”, “Estafa Constitucional”, etc.


Contra este modelo evidentemente injusto se van a manifestar miles de personas hoy en Madrid. Seguro que será un éxito de participación, lo sabremos por Internet (mientras no lo censuren también), pues los grandes medios de comunicación, si hablan de ello, lo harán a regañadientes.  Y, aunque sea mayoritariamente pacífico, seguro que las cámaras estarán prestas para filmar y magnificar cualquier altercado. Lo de siempre, ni caso…


sábado, 22 de febrero de 2014

Desastres ¿naturales?

Hace unos días estuvimos debatiendo en clase de inglés sobre desastres naturales.
Por "desastres naturales" convenimos entender aquellos fenómenos violentos causados por las fuerzas de la naturaleza sin que mediara la acción de la mujer (o del hombre). Es decir, terremotos, erupciones volcánicas, huracanes en América; tifones, que es lo mismo pero en Asia, tsunamis, inundaciones, sequías extremas, etc.

Para simplificar imaginemos que, efectivamente, los seres humanos no tengamos nada que ver con estos fenómenos. Digo imaginemos porque en algunos casos ello no es del todo así. Es muy posible que el actual cambio climático –el único en la Historia de la Tierra causado por causas antrópicas- tenga relación con algunos fenómenos atmosféricos. Que actividades extractivas como el fracking, -que es como el fucking pero en la corteza terrestre-, puedan tener efectos “naturales” no deseados –como con el fucking-. O que tratar de encauzar o redirigir cursos naturales de agua, pueda ocasionar crecidas muy perjudiciales para el entorno. La naturaleza es indómita y a menudo lo olvidamos.
Pero bueno, dejemos de lado esas sutilezas

Algo que me pone de muy mal humor –algo más, quiero decir- es que cada vez que se produce un desastre natural, los medios de comunicación, la opinión pública, e incluso mis compañeros de clase de inglés, omiten aspectos estrictamente humanos que guardan relación con las consecuencias que estos desastres naturales producen.
Con un ejemplo se entenderá lo que quiero decir. Un terremoto de una magnitud “x” en la escala de Richter causa cientos o miles de muertos en, por ejemplo, Honduras o Nicaragua; y sin embargo, un terremoto de la misma magnitud apenas causa daños en San Francisco o en Japón. La razón es obvia: en estos lugares los edificios y las infraestructuras están preparados para resistir movimientos sísmicos. Y ello es debido a que estos países son ricos y se lo pueden permitir. Salvaron sus vidas y sus bienes gracias al poderoso caballero, don Dinero.

Los Mass Media no están interesados en entrar en este debate. Adentrarse en él podría conducir a cuestionar la cuestión de la riqueza y de la pobreza, la distribución y sus causas. No vale la pena…
La opinión pública tampoco está mucho para pensar, habiendo fútbol cada día. Así pues, condicionada por el enfoque mediático, se limita como mucho a lamentar: “Pobrecitos, encima que son pobres han tenido la mala suerte de sufrir un terremoto”. ¡No señor!, precisamente porque son pobres han muerto tantos y han perdido sus frágiles y humildes viviendas.

Pienso que a raíz de mis críticas, siempre incómodas -no es por presumir-,  una compañera intervino en el debate afirmando que si bien un desastre natural podía causar bastantes muertos en Centroamérica –y esto lo dijo rápido, como de pasada, como si se sacudiera el polvo de la americana-, lo cierto es que las pérdidas económicas – aquí ralentizaba el discurso para darle énfasis- que un desastre natural podría ocasionar en la costa Este de EEUU y más concretamente en Nueva York, podrían ser incalculables (y lamentables –debía pensar-).
¡Oh, my God! – me dije para mis adentros-, ¿cuáles son nuestros valores?...

En definitiva, y volviendo al tema central, creo que una expresión tan aséptica como “desastres naturales”, conduce a eximir de responsabilidad a los seres humanos. Sin embargo, es evidente que el reparto de los muertos que aquellos ocasionan guarda relación, no solo con la comprensible ira de la diosa Tierra, sino también con las formas de organización social, así como con las actividades del hombre (y de la mujer). 




martes, 11 de febrero de 2014

"La pell freda" i "Victus": unes breus ressenyes

De tant en tant et cau a les mans una joia; gairebé  sempre per casualitat. Jo, de fet, volia llegir Victus, però sent una novel.la d´èxit, no la vaig trobar disponible a la biblioteca. Vaig buscar al catàleg alguna altra obra de l´autor, l´Albert Sánchez Piñol,  per tal de tastar la seva escriptura.
La pell freda em va captivar des del primer paràgraf fins l´últim. És un relat fantàstic. Les aventures d´un oficial atmosfèric irlandès que, decebut i fastiguejat de la societat, decideix fugir d´Europa per passar un any a una minúscula illa de l´Atlàntic sud. No vull revelar les peripècies per les que passa el protagonista, ni les profundes reflexions que el relat suggereix; això ho haurà de descubrir el lector. Però si vull animar a la seva lectura a aquells, orfes de bons llibres, que encara no coneixen la novel.la.

Quan vaig poder vaig llegir Victus, Barcelona 1714. Aquesta obra ha tingut gran èxit a Catalunya perquè té com a escenari la guerra de Succesió espanyola i el llarg setge a la Barcelona de 1713-1714.  
És cert que la novel.la està molt ben documentada i que ens ajuda a entendre l´època, les diferents parts i visions del conflicte, però literàriament, al meu entendre, no és ni de bon tros tant exquisida com La pell freda.

No obstant això, l´Albert Sanchez Piñol ha estat un gran descubriment.

domingo, 19 de enero de 2014

El reencuentro

En el año 1990 yo era muy joven, más que ahora. Por aquel entonces nada poseía y, por tanto, nada tenía que perder. Me enrolé en un bergantín goleta de unos 100 metros de eslora porque era lo más audaz que podía hacer con mi vida en esos momentos, y a esa edad uno todavía es valiente… o inconsciente.
Como un personaje de esas novelas de aventuras que tanto gustan a los jóvenes. Así me sentía yo, protagonista de un relato de Julio Verne, de R.L. Stevenson o de Joseph Conrad.
Zarpamos de Cádiz un 10 de enero; recuerdo esa fecha como marcada con fuego en la memoria. Desplegamos por primera vez las veinte velas y nos encomendamos a los alisios.
Durante seis meses surcaríamos el Atlántico; atracaríamos en puertos del Caribe, atravesaríamos en Canal de Panamá; descubriríamos el Pacífico y visitaríamos lugares que sólo conocíamos por los mapas y por las fotografías.
Todavía hoy puedo cerrar los ojos y rememorar sensaciones que solo se pueden tener cuando uno navega a vela.
Fue una vivencia intensa y única; solo unos meses de tu vida, un grano de arena en una playa inmensa, ¡pero qué grano!.
Cuando acabamos la mili la diáspora. Aquellos marineros que habían compartido un espacio reducido durante meses volvían a sus hogares: a Sevilla, a Huelva, a Granada,  a Gijón, a Albacete, a Madrid, a Badajoz, a Vigo, a Valladolid, a Elche, a Valencia, a Alcañiz, a Teruel, a Almería, a Jaén,… y por supuesto, a Barcelona. Ahí volví yo con mi petate a cuestas; lleno de ropas y de recuerdos imborrables.
En cuanto a mis compañeros, a la mayoría no volví a verlos nunca más.
Han transcurrido 24 años desde aquel sueño; a veces me preguntó si sólo fue un sueño.

En julio pasado la silueta inconfundible de mi barco atracó en el puerto de Avilés. No dejé pasar la oportunidad de visitarlo. Nada más avistar los cuatro palos se me empañaron los ojos y se me quebró  la voz cuando le dije a Laura: míralo, ahí está

Hace unos meses uno de aquellos marineros con los que compartí un pedazo de mi vida creó un grupo en Facebook: JS Elcano-LXI crucero 1990.  Un grupo selecto y restringido, sólo para marinos de ese crucero, y ahí volvemos a encontrarnos algunos de nosotros, colgamos fotografías, retales de un pasado –como todos- que nunca volverá, y nos escribimos para rememorar aquellos días y aquellos mares.




sábado, 11 de enero de 2014

Reciclar: la gran estafa

Dicen los psicólogos que a los niños no se les debe pegar pues la violencia genera violencia. Algunos matizan que aunque no es deseable un cachete sería el último recurso. Ah, ¿pero es un recurso, aunque sea el último?
Bien, pues si así fuera eso mismo pienso yo del reciclaje: debería ser lo último. Sin embargo, la sabiduría convencional nos presenta el reciclaje como la panacea del respeto al medio ambiente. Y es que el capitalismo sabe adoptar como nadie a sus enemigos; hoy en día esta de moda “lo verde” y ser  environmentally  friendly.

En ecología se suele hablar de las tres “R”: “Reducir”, “Reutilizar” y “Reciclar”. Y ese orden es fundamental.
En mi opinión, la más importante, con diferencia, es la primera. Al menos en el mundo desarrollado deberíamos reducir el consumo. ¿Es realmente necesario cambiar de teléfono móvil cada seis meses?, ¿Comprar una smartTV cada dos años?, ¿adquirir aparatos cuya utilidad resulta bastante poco justificable?
A través de la obsolescencia planificada (diseñar los aparatos para que duren menos de lo que podrían durar), y la obsolescencia percibida (desechar lo que todavía funciona simplemente porque nos parece anticuado), las empresas fomentan un consumo desenfrenado.

Una amiga mía, a la que llamaremos Bibiana para preservar el anonimato, va más lejos: ¡Esto del reciclaje es una gran estafa! –de hecho, ella utiliza palabras más gruesas-: Nosotros separamos los desechos para ser reciclados, pero en realidad, dificultades técnicas impiden que gran parte pueda ser reciclada, sin contar con los gastos energéticos del proceso en sí. Por otro lado, inocular en los ciudadanos la idea del reciclado sirve para transmitir la percepción de que podemos comprar hasta el infinito.

Tiene razón. La profusión con que se habla de reciclaje, al tiempo que se omiten las otras dos “R”, parece dar la sensación de que el consumo sin límite es posible, proporcionándonos, asimismo, una coartada perfecta para seguir consumiendo.
Los recursos de la Tierra son limitados. Dicen los expertos que si todo el mundo consumiera como los EEUU serían necesarios 5 planetas como el nuestro, y si lo hiciera como en España harían falta tres planetas azules.
Si el cachete sobre el niño genera violencia, el reciclado mal entendido genera consumo irresponsable.

Pero claro, los poderes públicos y la sabiduría convencional seguirán fomentando la violencia consumista. Vestida de verde, eso sí.


lunes, 23 de diciembre de 2013

El pañuelo

Ayer vi en televisión un reportaje sobre la costumbre gitana de la prueba del pañuelo. Una tradición ancestral para “probar” la virginidad de la novia antes de la boda, y por consiguiente su pureza y su honradez.
Valorar la virginidad de la mujer (la del hombre no es relevante) antes del matrimonio no es exclusivo de los gitanos, está bastante extendido en muchas otras culturas que, tal vez influidas por la religión, han sacralizado el sexo hasta extremos que para una mentalidad racional resulta sencillamente ridículo.
El reportero acudió a uno de esos mercadillos donde  se vende de todo, desde bragas y sujetadores enormes, de esos blancos o beige, anti-libido, hasta camisetas Nike, falsas, por supuesto.
En el “rastro”  preguntó a un señor con un gran mostacho y generosas patillas si era gitano. ¡Claro que era gitano! En un mercadillo de Calculta tal vez albergase dudas, pero ahí…
El gitano y su acompañante, también gitano, hablaron emocionados de esa tradición. Era un honor enorme para la familia y en especial para el padre de la novia.
A continuación entrevistó a varias gitanas adultas, y  todas se conmovían al referirse a la prueba del pañuelo pero, curiosamente, cuando se les preguntaba si ellas la habían pasado, se lamentaban; ¡les hubiera encantado!, suspiraron, pero todas se habían escapado. Es la expresión que utilizan en la comunidad cuando se van a vivir con el novio sin casarse, normalmente porque ya han consumado, o como ellas decían  por circunstancias de la vida

Los reporteros estuvieron también en una boda gitana. La novia tenía sólo 16 años y estaba presta para ser examinada. El jolgorio inundaba aquella casa: palmas, cante, alegría y vestidos de colores, a cual más… llamativo.
La ceremonia del pañuelo –nos cuentan- no se realiza en la intimidad. La sala está llena de mujeres casadas que serán testigos de una prueba que casi siempre sale bien. La arrejuntadora  es la que procede; gana 600 euros cada vez que mete el dedo, 100.000 pesetas decía ella mientras nos mostraba su dedo índice amenazador.

Es normal –pensé- que se casen tan jóvenes, ya que si esperan un poco más no hay boda: la naturaleza humana no entiende de tradiciones y es muy fuerte…

Un experto hablaba de cuestiones antropológicas y decía que para nosotros, desde fuera era difícil de entender, pero que era incluso felizmente aceptado dentro de la comunidad.

La reflexión que se me ocurre -una de ellas- consiste en cuestionarnos si debemos inmiscuirnos es cuestiones que atañen a otras culturas cuando consideramos que existen razones éticas para ello (en este caso un trato vejatorio a la mujer), o, si por el contrario, debemos mantenernos al margen, entendiendo que, en todo caso, debe ser la propia comunidad la que resuelva estas cuestiones.

Lo cierto es que no tengo una respuesta definitiva…


sábado, 7 de diciembre de 2013

El exilio ideológico

Recuerdo una anécdota que contaba el gran Manolo Vázquez Montalbán en los últimos años de su vida. Un periodista le preguntó si su pensamiento político había girado más hacía a la izquierda en los últimos años. Él contestó que en esencia no, que pensaba, grosso modo, de la misma manera que en su juventud. Pero, añadió, sí había observado un giro a la derecha de todo el escenario político y mediático, de tal manera que si en un pasado él pasaba por ser por un triste socialdemócrata, en la actualidad era considerado un peligroso izquierdista.
Esta anécdota simpática la refiero con frecuencia a amistades y conocidos porque me parece que ilustra perfectamente la evolución del pensamiento político y de la sociedad desde hace algunas décadas.

El otro día tuvimos un debate en clase de inglés sobre los medios de comunicación que hubiera podido resultar muy interesante de no ser porque la mayor parte de las opiniones vertidas no se apartaban de lo que podríamos llamar mainstream (corriente dominante o principal). Por ejemplo, algunos compañeros hablaron con asombro de lo distinto que era leer las noticias en un periódico de izquierdas como “El País” (sic), a leerlas en uno de derechas como “El Mundo”. Asimismo, hablando sobre la censura en el mundo se aportaron como ejemplos los casos de Siria, China o Corea del Norte.
Esas opiniones eran asumidas como ciertas y juiciosas por parte del resto de compañeros.
Cuando pedí la palabra y dije que la mayoría de los grandes medios de comunicación en España me parecían de derechas, incluido -o especialmente- “El País”, y que para buscar la censura en la prensa no había que ir muy lejos, que en España había censura y mucha, mis compañeros me observaron como si fuese un bicho raro. No puedo quitarme de la cabeza esas miradas..
De poco sirvió que argumentara –lo mejor que uno puede cuando se expresa en una lengua que no domina- mis aseveraciones.
Marché con la sensación de que ni siquiera había depositado la semilla de la duda, de la reflexión en las mentes de mis classmates, y de que, como decía Vázquez Montalbán, la derecha ha modelado exitosamente el pensamiento de gran parte de la población, incluso la de aquellos que se consideran a sí mismos de izquierda.
Me encontraba -me encuentro- en un exilio ideológico. Afortunadamente, uno tiene amigos también en el exilio y puede departir a gusto con otros bichos raros.