miércoles, 15 de junio de 2011

El pacto del Euro







El próximo 27 de junio está previsto que se firme en Bruselas el Pacto del Euro, un motivo más de preocupación para la mayor parte de la población.


Os dejo esta dirección con una presentación sencilla y clara sobre lo que implica este acuerdo.












martes, 7 de junio de 2011

Utopía y reformas







Entre los discursos de aquellos que quieren cambiar las cosas existen, grosso modo, dos tendencias: la búsqueda de la utopía y la reformista.
La utópica consiste en imaginar un mundo ideal y tratar de hacerlo realidad sin tener en cuenta la situación del momento, mientras que la reformista pretende realizar cambios dentro del sistema. Ciertamente, los cambios pueden ser superficiales o profundos.
También, por su parte, las utopías pueden ser grandes utopías o, más bien, modestitas, pequeñas utopías que diría el poeta Luís García Montero.
Los utópicos puros suelen quedarse con la idea de que es posible implantar un nuevo modelo social sin tener en cuenta la realidad existente. Éstos, a menudo, no pasan a la acción pues tienen unas expectativas tan altas que hasta ellos mismos no saben como acometerlas. Suelen quedarse en el discurso teórico y en el desprecio, por otro lado, bien justificado, hacia el sistema.
El problema de los reformistas puros es que, dado que parten de la realidad, son personas juiciosas, suelen acabar conformándose con reformas superficiales, de poco calado, a menudo, sencillamente maquilladoras.
Yo creo que la actitud más fructífera debe consistir en no renunciar a ninguna de las dos opciones. La visión reformista nos permite acometer cambios, más o menos lentos, pero inexorables partiendo de la realidad del momento. Pero nuestro “yo” utópico, se va a mostrar insaciable, hambriento, ilusionado con reformas más profundas. Es decir, creer en la utopía nos va a mantener la tensión de lucha permanente para que los cambios sociales no queden en meros cambios de atrezzo. Es decir que no ocurra aquello que decía Giuseppe Tomasi di Lampesuda en El Gatopardo de cambiar algunas cosas para que todo siga igual.
Por ello, esa aparente disyuntiva “utopía o reforma” no es tal, ambas son perfectamente compatibles.


Para concluir una última reflexión. Resulta curioso que la "utopía" que pretendemos muchos de los indignados en estos tiempos consiste sencillamente en que disposiciones legales ya existentes como la Declaración Universal de los Derechos humanos en el ámbito internacional, o conceptos recogidos en nuestra Constitución de 1978 como "democrático", "social" y de "Derecho" dejen de ser papel mojado y sean realidad.

Algunos en estos momentos nos conformaríamos con eso.






















domingo, 29 de mayo de 2011

Carta abierta a Quim Monzó

Sr. Quim Monzó, si usted fuera un tertuliano de Intereconomía ni siquiera me habría molestado en escribir esta carta. Pero, mire por donde, yo tenía un buen concepto de usted y me ha decepcionado. Seguramente la culpa sea mía por haber puesto demasiadas expectativas en su persona. Tal vez ha sido mi admiración por su literatura y la fruición con que he devorado sus cuentos los que me han nublado el entendimiento.
Leí su artículo publicado en La Vanguardia “He aquí la Spanish Revolution” y me pareció sencillamente vomitivo. Escribe con un desprecio nada disimulado sobre personas que han tenido el coraje de actuar frente a la injusticia social. Sr. Monzó, como intelectual será usted consciente de que tiene la posibilidad de defender el status quo (callar también sería defenderlo) o apoyar los intentos de cambio. Parece que usted se ha decantado por la primera opción; deben pagar bien.
Su texto es un magnífico ejemplo de demagogia; inteligente, si me apura, sarcástico, bien escrito, como siempre, pero demagógico de principio a fin.
Empieza afirmando que la Spanish Revolution, no va a ningún sitio convincente. Para empezar, porque, más que una revolución, de momento es una acampada (sic).
A continuación toma el numero de manifestantes: 150.000 y lo divide por el censo, 47.021.031. Y nos dice que con un 0,037 % no se puede hacer una revolución.
Utilizar ese cociente es burda demagogia; en cualquier revolución, gran parte de la población se ha mantenido inerme, apática, meros espectadores de cuanto acontecía.
En cuanto al término revolución, lo utiliza usted y tal vez quienes inventaron el apelativo de Spanish Revolution, dudo que este movimiento contestatario se haya colocado él mismo ese cartel.
De momento, efectivamente, no es una revolución, ¿y qué?. Lo importante, es que esos enrollados, como frívolamente los llama usted, se están manifestando por unos ideales justos.




Les anima a acabar con el bipartidismo yendo a las urnas y votando a otros partidos. ¡Por favor, Sr. Monzó!, que eso lo diga alguien de Libertad Digital podría entenderlo, pero, ¿usted?. Todavía no sabe que una de las exigencias de estos enrollados es la reforma de la actual Ley Electoral que beneficia a los grandes partidos.
A continuación habla de la empanada que exhiben estos campistas que, según usted, resulta imposible saber qué quieren. ¿La empanada no la tendrá usted?, ¿se ha molestado en leer el manifiesto de Democracia Real Ya en su página web?, ¿no se da cuenta, o no se quiere dar cuenta de que el movimiento se encuentra en estado embrionario, y que es lógico que muchos puntos estén por perfilar?
¿Ejecutar a González Sinde?, ¿Masacrar las urnas?, ¿Qué no haya partidos políticos? por favor, Sr. Monzó, ¿no está usted desvariando?.
No sé si este movimiento llegará a algo convincente, usted ya ha tenido que tomarse la molestia de escribir sobre él aunque el revuelo lo haya generado sólo un 0,037% de la población de este país. Lástima que se haya posicionado ideológicamente donde lo ha hecho.
Atentamente,




Un admirador (de su literatura).

martes, 24 de mayo de 2011

Azuloscurocasinegro

Cuando el otro día vi por televisión por primera vez estos días la Puerta del Sol atestada de indignados casi se me saltan las lágrimas.


No lo podía creer, la apática España, como decían en la BBC, había despertado del letargo.


El movimiento ha alcanzado tal magnitud que los medios de comunicación ya no han podido girar la cámara hacia otro lado, porque en todos los lados había gente.


En una entrevista en no sé qué periódico el periodista preguntaba a un “indignado” si este movimiento tenía intencionalidad política. ¡Menuda pregunta!, pues claro que la tiene.


La política –el reportero no debe saberlo- en una de las múltiples acepciones de la RAE es la actividad del ciudadano cuando interviene en los asuntos públicos con su opinión, con su voto, o de cualquier otro modo.




Es obvio que la palabra política ha sido denostada por un sistema político que ha creado una casta de políticos profesionales, refractarios a sensibilidades sociales; rehenes consentidos y gozosos del poder económico y financiero.




El viernes pasado estuve en la concentración que hubo en Gijón; una marcha que empezaba en el teatro Jovellanos y que terminaba en una Plaza Mayor rebautizada con un simple papel como “Plaza del Pueblo”.




Me ilusiona la idea de que este movimiento llegue a algo. Pero la alegría dura poco en casa del pobre. El lunes, tras las elecciones, nos despertamos con el mapa de España teñido de azul, azuloscurocasinegro.




Seguiremos luchando.

miércoles, 27 de abril de 2011

Toponimia sentimental: El "Juan Sebastián Elcano"



Es cierto que en sentido estricto el nombre de un buque no es un topónimo, pero cuando uno ha vivido intensamente allí casi un año -seis meses navegando- la cubierta de un barco es lo más parecido a una patria. Un país diminuto mecido por el océano.


Me enrolé en el Juan Sebastián Elcano, un bergantín goleta, porque era una posibilidad única de conocer mundo, y porque con veinte años se tienen muchas ganas de vivir y muy pocas ataduras que cortar.


Corría el año 1989 y mis primeras impresiones del barco fueron desalentadoras; un amasijo de cabos, herramientas, botes de pintura,… por los que se hacía difícil caminar. Algunos marineros, agoreros, presagiaban que aquel cascarón no iba a resistir tempestades y que acabaríamos todos en el fondo del mar. Se equivocaban; el Juan Sebastián Elcano, a pesar de sus años, era un excelente navío. La marinería congregaba gentes de lo más variopinto y de toda la geografía española: andaluces, gallegos, aragoneses, catalanes, castellanos, vascos,…con historias y formación bien distintas: desde licenciados universitarios hasta casi analfabetos. Allí dormíamos todos en el mismo sollado y comíamos en las mismas mesas igualados por el blanco y el azul del uniforme. Lo raro era conocerse por el nombre; lo más común era un mote –muchas veces un topónimo- o por el apellido. Así, atendiendo a su procedencia había un Lepe, un Sevilla, un Sevillita -éste era un alfeñique-, un Alhaurín, un Alcobendas, un Alcañiz, un Córdoba, etc.


Zarpamos de Cádiz un 10 de enero, creo recordar, de 1990. Delante de nosotros teníamos una larga travesía de seis meses atracando en puertos del Atlántico, Caribe, México y Estados Unidos. La casualidad hizo que mi destino en el barco fuese el de marinero de cubierta: el sol, el mar, el viento, las nubes y las noches estrelladas me acompañarían durante todo el viaje. Los marineros destinados en máquinas, atrapados en las entrañas del barco, vivirían una experiencia muy distinta. Entre mis labores, aparte del mantenimiento (pintar, limpiar, baldear la cubierta,…) era fundamental bregar con el aparejo del barco: plegar y desplegar velas, amurar a barlovento, subir a las gavias,…El silbato del contramaestre marcaba las acciones y los tiempos. La vida a bordo era dura, entre horarios de trabajo y guardias apenas disponíamos de tiempo libre. En esos ratos de descanso aprovechábamos para escribir a las familias, novias, amigos, y para añorarlos.


El régimen militar no estaba hecho para mí; la supervivencia pasaba por morderse la lengua en más de una ocasión; alguna vez me debió sangrar. En una ocasión tuve la osadía de discutir una orden a un cabo porque me parecía absurda – ¡yo sólo trataba de razonar!-. Me arrestó por ello. Las anécdotas del viaje son innumerables y, a veces, indecibles,… quedan para mí. Recuerdo el anhelado día en que me licenciaron: petate al hombro y la imagen, ya en el tren, de la arboladura de Elcano alejándose de mi vida. Saludé a la que había sido mi patria durante casi un año con mi puño totalmente cerrado y el dedo corazón enhiesto cual el palo de mesana. El paso del tiempo ha tamizado cuanto de negativo hubo en esa experiencia y ya sólo conservo recuerdos agradables y algunos amigos a los que tengo en gran estima.


Todavía hoy puedo rememorar esos momentos de descanso en el castillo de proa; contemplar las velas preñadas del viento, oír los latigazos del velamen y sentir la brisa del mar sobre mi rostro. Allí sentados contábamos los días que quedaban para el próximo puerto, e imaginábamos qué agradables sorpresas, algunas con faldas, nos aguardarían.

lunes, 28 de marzo de 2011

Toponímia sentimental: Barcelona





És quan parla el meu cor que em surten les paraules en la llengua de mon pare. No escric gaire sovint en català; potser és que el meu cor parla poc, tal vegada per una timidesa mal curada.


Bé, vull escriure sobre alguns topònims que, més enllà d´aparèixer als mapes, hi sont sempre presents al meu particular mapa sentimental. He volgut encetar aquesta sèrie d´articles amb un sobre Barcelona. Per a mi, Barcelona ho és tot. És la ciutat on vaig néixer i on em van criar. És la ciutat d´una infantesa que recordo com trista, anodina, i d´una adolescència complicada, com totes. És la ciutat del primer amor del que gairebé no m´en recordo i d´altres manifestacions fisiològiques no sempre relacionades amb l´amor però sí, de vegades.


I dins Barcelona, podria parlar del meu barri: Horta. La plaça Eivissa -plaza Ibiza, quan jo era menut-, amb aquest aire de poble i l´entranyable bar Quimet, i les masies d´Horta. Tampoc no puc oblidar aquesta quadrícula infinita que és l´Eixample; burgès, senyorial al Passeig de Gràcia o a la Rambla Catalunya, no em cansa la seva monotonia. Què dir de les Rambles?, aquesta llengua de gent de tots colors, creences i vicis que arriba al mar. I com no fer esment d´ un barri com Gràcia, amb el seu cinema Verdi -quantes pel.lícules en V.O han vist -i llegit- aquests ulls!-, i els seus bars de copes,... Parlant de bars de copes, no oblido el Badlands, al Guinardó, el portaven uns amics meus, el van haver de tancar per la avidesa econòmica del propietari del local.


Pedralbes: barri alt que jo associo a la facultat de Geografia i Història on estudiava, poca cosa més, i ben a prop, a Les Corts, el Nou Camp; futbol els diumenges a les cinc, sí, abans el futbol era sempre els diumenges a les cinc no com ara. Anava amb el meu tiet al futbol, al descans em menjava un frankfurt que em savia a glòria, malgrat que era ben dolent. Això ho certificaba mon oncle que era expert en frankurts.


El Clot quedarà per sempre associat al meu amic Jordi Agustí, la vida fou cruel amb ell i la mort se l´endugué massa aviat.


Amb dificutat, jo era ben minyò, recordo els diumenges vistant l´avia Amparo (era ben catalana pero el seu nom estava castellanitzat, coses del franquisme) a Collblanc, L´Hospitalet de Llobregat. Sí, és una altra ciutat, però no ho sembla, per a mi continua sent Barcelona. El meu cor no hi enten, de límits municipals.


Els estius agafar l´autobús 45 per anar a la platja era un llarguíssim viatge als ulls d´un nen. A vegades anàvem als banys públics “San Sebastián” o “Los Orientales”, crec que es deien així.


Barcelona és també el Tibidabo, amb el seu parc d´atraccions i Monjuïc i el seu Castell, i les millors vistes sobre Barcelona.


Barcelona ha canviat molt. Ara ja només la puc ensumar esporàdicament com a turista, però els meus records d´una altra Barcelona encara hi són presents a la meva toponímia sentimental.

domingo, 13 de marzo de 2011

La huelga de empleados de AENA


Conozco a Elías desde hace bastantes años. Elías vive en Lloret de Mar con su pareja y siempre que viajo a Calella le llamó para quedar y tomar algo. Se podría decir que somos amigos de toda la vida.
Elías está preocupado, es trabajador de AENA, señalero para más señas. Su trabajo consiste, entre otras cosas, en procurar que los aviones no se estrellen cuando aterrizan en la pista del aeropuerto de Girona y en aparcarlos.
Me cuenta que tienen miedo de que la privatización de los aeropuertos conlleve un empeoramiento de sus condiciones laborales, y quién sabe, si la pérdida del trabajo para algunos.
Yo entiendo su preocupación y le animo en su lucha.
Han convocado una huelga que, de materializarse, me va a perjudicar, sin duda. Pero yo, a diferencia de muchos ciudadanos que piensan que el derecho a viajar en avión es un derecho fundamental –yo no lo he encontrado ni en la Constitución ni en ninguna otra ley- no puedo, en coherencia, sino anteponer su derecho a defender sus condiciones laborales.
Supongo que si han llegado a la convocatoria de huelga es porque han fallado otros cauces; nadie va a la huelga por gusto.
Sé que gran parte de la ciudadanía va a criticar la huelga, aunque la mayoría no viajará nunca en avión.
Sé que, por ignorancia, muchos, cuando se habla de empleados de AENA, piensan en los controladores aéreos y esos sueldos estratosféricos. Nada que ver con la mayoría del personal de AENA.
Sé que la mayoría de medios de comunicación se están posicionando en contra de la huelga. El otro día vi una entrevista del incombustible Matías Prats haciendo preguntas a un representante de los trabajadores de AENA de manera claramente tendenciosa.
Sé que las fechas elegidas son las de mayor confluencia de viajeros, pero en las huelgas se trata de extorsionar, de presionar a la empresa para que atienda a sus reivindicaciones, luego es lógico que se busque hacer el mayor daño posible. No es por mala leche.
No sé cómo acabará un proceso privatizador que parece inevitable, deseo por el bien de Elías y de sus compañeros que tengan éxito en sus demandas.
Pero también les deseo suerte porque me siento partícipe de una lucha más global que tiene muchos frentes y en la que sí estoy inmerso: la lucha de las clases trabajadoras contra la patronal, la Administración y los gobiernos.
Estamos asistiendo a la defunción del Estado del Bienestar y esto sólo se puede enderezar desde abajo, desde la ciudadanía, pero hay que creérselo.
Hay que creer que es posible cambiar las cosas, de lo contrario estamos condenados a vivir en una sociedad esclavista.
Una Constitución escrita servirá para inculcar a los niños -esclavos del futuro- que vivimos en un Estado social y democrático de Derecho; pero no se lleven a engaño, son palabras que aprende el esclavo para que desconozca su propia condición de esclavo.