
miércoles, 15 de junio de 2011
El pacto del Euro

martes, 7 de junio de 2011
Utopía y reformas

La utópica consiste en imaginar un mundo ideal y tratar de hacerlo realidad sin tener en cuenta la situación del momento, mientras que la reformista pretende realizar cambios dentro del sistema. Ciertamente, los cambios pueden ser superficiales o profundos.
También, por su parte, las utopías pueden ser grandes utopías o, más bien, modestitas, pequeñas utopías que diría el poeta Luís García Montero.
Los utópicos puros suelen quedarse con la idea de que es posible implantar un nuevo modelo social sin tener en cuenta la realidad existente. Éstos, a menudo, no pasan a la acción pues tienen unas expectativas tan altas que hasta ellos mismos no saben como acometerlas. Suelen quedarse en el discurso teórico y en el desprecio, por otro lado, bien justificado, hacia el sistema.
El problema de los reformistas puros es que, dado que parten de la realidad, son personas juiciosas, suelen acabar conformándose con reformas superficiales, de poco calado, a menudo, sencillamente maquilladoras.
Yo creo que la actitud más fructífera debe consistir en no renunciar a ninguna de las dos opciones. La visión reformista nos permite acometer cambios, más o menos lentos, pero inexorables partiendo de la realidad del momento. Pero nuestro “yo” utópico, se va a mostrar insaciable, hambriento, ilusionado con reformas más profundas. Es decir, creer en la utopía nos va a mantener la tensión de lucha permanente para que los cambios sociales no queden en meros cambios de atrezzo. Es decir que no ocurra aquello que decía Giuseppe Tomasi di Lampesuda en El Gatopardo de cambiar algunas cosas para que todo siga igual.
Por ello, esa aparente disyuntiva “utopía o reforma” no es tal, ambas son perfectamente compatibles.
domingo, 29 de mayo de 2011
Carta abierta a Quim Monzó
Leí su artículo publicado en La Vanguardia “He aquí la Spanish Revolution” y me pareció sencillamente vomitivo. Escribe con un desprecio nada disimulado sobre personas que han tenido el coraje de actuar frente a la injusticia social. Sr. Monzó, como intelectual será usted consciente de que tiene la posibilidad de defender el status quo (callar también sería defenderlo) o apoyar los intentos de cambio. Parece que usted se ha decantado por la primera opción; deben pagar bien.
Su texto es un magnífico ejemplo de demagogia; inteligente, si me apura, sarcástico, bien escrito, como siempre, pero demagógico de principio a fin.
Empieza afirmando que la Spanish Revolution, no va a ningún sitio convincente. Para empezar, porque, más que una revolución, de momento es una acampada (sic).
A continuación toma el numero de manifestantes: 150.000 y lo divide por el censo, 47.021.031. Y nos dice que con un 0,037 % no se puede hacer una revolución.
Utilizar ese cociente es burda demagogia; en cualquier revolución, gran parte de la población se ha mantenido inerme, apática, meros espectadores de cuanto acontecía.
En cuanto al término revolución, lo utiliza usted y tal vez quienes inventaron el apelativo de Spanish Revolution, dudo que este movimiento contestatario se haya colocado él mismo ese cartel.
De momento, efectivamente, no es una revolución, ¿y qué?. Lo importante, es que esos enrollados, como frívolamente los llama usted, se están manifestando por unos ideales justos.
A continuación habla de la empanada que exhiben estos campistas que, según usted, resulta imposible saber qué quieren. ¿La empanada no la tendrá usted?, ¿se ha molestado en leer el manifiesto de Democracia Real Ya en su página web?, ¿no se da cuenta, o no se quiere dar cuenta de que el movimiento se encuentra en estado embrionario, y que es lógico que muchos puntos estén por perfilar?
¿Ejecutar a González Sinde?, ¿Masacrar las urnas?, ¿Qué no haya partidos políticos? por favor, Sr. Monzó, ¿no está usted desvariando?.
No sé si este movimiento llegará a algo convincente, usted ya ha tenido que tomarse la molestia de escribir sobre él aunque el revuelo lo haya generado sólo un 0,037% de la población de este país. Lástima que se haya posicionado ideológicamente donde lo ha hecho.
Atentamente,
martes, 24 de mayo de 2011
Azuloscurocasinegro
Cuando el otro día vi por televisión por primera vez estos días la Puerta del Sol atestada de indignados casi se me saltan las lágrimas.Es obvio que la palabra política ha sido denostada por un sistema político que ha creado una casta de políticos profesionales, refractarios a sensibilidades sociales; rehenes consentidos y gozosos del poder económico y financiero.
El viernes pasado estuve en la concentración que hubo en Gijón; una marcha que empezaba en el teatro Jovellanos y que terminaba en una Plaza Mayor rebautizada con un simple papel como “Plaza del Pueblo”.
Me ilusiona la idea de que este movimiento llegue a algo. Pero la alegría dura poco en casa del pobre. El lunes, tras las elecciones, nos despertamos con el mapa de España teñido de azul, azuloscurocasinegro.
Seguiremos luchando.
miércoles, 27 de abril de 2011
Toponimia sentimental: El "Juan Sebastián Elcano"
Es cierto que en sentido estricto el nombre de un buque no es un topónimo, pero cuando uno ha vivido intensamente allí casi un año -seis meses navegando- la cubierta de un barco es lo más parecido a una patria. Un país diminuto mecido por el océano.
Me enrolé en el Juan Sebastián Elcano, un bergantín goleta, porque era una posibilidad única de conocer mundo, y porque con veinte años se tienen muchas ganas de vivir y muy pocas ataduras que cortar.
Corría el año 1989 y mis primeras impresiones del barco fueron desalentadoras; un amasijo de cabos, herramientas, botes de pintura,… por los que se hacía difícil caminar. Algunos marineros, agoreros, presagiaban que aquel cascarón no iba a resistir tempestades y que acabaríamos todos en el fondo del mar. Se equivocaban; el Juan Sebastián Elcano, a pesar de sus años, era un excelente navío. La marinería congregaba gentes de lo más variopinto y de toda la geografía española: andaluces, gallegos, aragoneses, catalanes, castellanos, vascos,…con historias y formación bien distintas: desde licenciados universitarios hasta casi analfabetos. Allí dormíamos todos en el mismo sollado y comíamos en las mismas mesas igualados por el blanco y el azul del uniforme. Lo raro era conocerse por el nombre; lo más común era un mote –muchas veces un topónimo- o por el apellido. Así, atendiendo a su procedencia había un Lepe, un Sevilla, un Sevillita -éste era un alfeñique-, un Alhaurín, un Alcobendas, un Alcañiz, un Córdoba, etc.
Zarpamos de Cádiz un 10 de enero, creo recordar, de 1990. Delante de nosotros teníamos una larga travesía de seis meses atracando en puertos del Atlántico, Caribe, México y Estados Unidos. La casualidad hizo que mi destino en el barco fuese el de marinero de cubierta: el sol, el mar, el viento, las nubes y las noches estrelladas me acompañarían durante todo el viaje. Los marineros destinados en máquinas, atrapados en las entrañas del barco, vivirían una experiencia muy distinta. Entre mis labores, aparte del mantenimiento (pintar, limpiar, baldear la cubierta,…) era fundamental bregar con el aparejo del barco: plegar y desplegar velas, amurar a barlovento, subir a las gavias,…El silbato del contramaestre marcaba las acciones y los tiempos. La vida a bordo era dura, entre horarios de trabajo y guardias apenas disponíamos de tiempo libre. En esos ratos de descanso aprovechábamos para escribir a las familias, novias, amigos, y para añorarlos.
El régimen militar no estaba hecho para mí; la supervivencia pasaba por morderse la lengua en más de una ocasión; alguna vez me debió sangrar. En una ocasión tuve la osadía de discutir una orden a un cabo porque me parecía absurda – ¡yo sólo trataba de razonar!-. Me arrestó por ello. Las anécdotas del viaje son innumerables y, a veces, indecibles,… quedan para mí. Recuerdo el anhelado día en que me licenciaron: petate al hombro y la imagen, ya en el tren, de la arboladura de Elcano alejándose de mi vida. Saludé a la que había sido mi patria durante casi un año con mi puño totalmente cerrado y el dedo corazón enhiesto cual el palo de mesana. El paso del tiempo ha tamizado cuanto de negativo hubo en esa experiencia y ya sólo conservo recuerdos agradables y algunos amigos a los que tengo en gran estima.
Todavía hoy puedo rememorar esos momentos de descanso en el castillo de proa; contemplar las velas preñadas del viento, oír los latigazos del velamen y sentir la brisa del mar sobre mi rostro. Allí sentados contábamos los días que quedaban para el próximo puerto, e imaginábamos qué agradables sorpresas, algunas con faldas, nos aguardarían.
lunes, 28 de marzo de 2011
Toponímia sentimental: Barcelona
domingo, 13 de marzo de 2011
La huelga de empleados de AENA
Elías está preocupado, es trabajador de AENA, señalero para más señas. Su trabajo consiste, entre otras cosas, en procurar que los aviones no se estrellen cuando aterrizan en la pista del aeropuerto de Girona y en aparcarlos.
Me cuenta que tienen miedo de que la privatización de los aeropuertos conlleve un empeoramiento de sus condiciones laborales, y quién sabe, si la pérdida del trabajo para algunos.
Yo entiendo su preocupación y le animo en su lucha.
Han convocado una huelga que, de materializarse, me va a perjudicar, sin duda. Pero yo, a diferencia de muchos ciudadanos que piensan que el derecho a viajar en avión es un derecho fundamental –yo no lo he encontrado ni en la Constitución ni en ninguna otra ley- no puedo, en coherencia, sino anteponer su derecho a defender sus condiciones laborales.
Supongo que si han llegado a la convocatoria de huelga es porque han fallado otros cauces; nadie va a la huelga por gusto.
Sé que gran parte de la ciudadanía va a criticar la huelga, aunque la mayoría no viajará nunca en avión.
Sé que, por ignorancia, muchos, cuando se habla de empleados de AENA, piensan en los controladores aéreos y esos sueldos estratosféricos. Nada que ver con la mayoría del personal de AENA.
Sé que la mayoría de medios de comunicación se están posicionando en contra de la huelga. El otro día vi una entrevista del incombustible Matías Prats haciendo preguntas a un representante de los trabajadores de AENA de manera claramente tendenciosa.
Sé que las fechas elegidas son las de mayor confluencia de viajeros, pero en las huelgas se trata de extorsionar, de presionar a la empresa para que atienda a sus reivindicaciones, luego es lógico que se busque hacer el mayor daño posible. No es por mala leche.
No sé cómo acabará un proceso privatizador que parece inevitable, deseo por el bien de Elías y de sus compañeros que tengan éxito en sus demandas.
Pero también les deseo suerte porque me siento partícipe de una lucha más global que tiene muchos frentes y en la que sí estoy inmerso: la lucha de las clases trabajadoras contra la patronal, la Administración y los gobiernos.
Estamos asistiendo a la defunción del Estado del Bienestar y esto sólo se puede enderezar desde abajo, desde la ciudadanía, pero hay que creérselo.
Hay que creer que es posible cambiar las cosas, de lo contrario estamos condenados a vivir en una sociedad esclavista.
Una Constitución escrita servirá para inculcar a los niños -esclavos del futuro- que vivimos en un Estado social y democrático de Derecho; pero no se lleven a engaño, son palabras que aprende el esclavo para que desconozca su propia condición de esclavo.