jueves, 2 de junio de 2016

Defending public education


Nowadays, public education  is suffering a terrible atack from the powerful neoliberal forces.  In our country,  the Government tends to favour private schools –the majority of them are religious- to the detriment of public education system.
At this juncture, why is it so important to defend a high quality public education?
Education is one of the four pillars of the Welfare State. The goals of education are: Learning subjects (Mathematics, Language, Literature, Science, History, Geography, Philosophy, etc.); learning to learn; social integration; accountability; principles... In a shellnut, the school is a essential place to educate responsible citizens.
Considering that education is a universal and unalienable right, the State has the obligation of providing a high quality school.
Social mobility is, in part, feasible thanks to the fact of having a good public school.
Besides, I think it is important to remember that at public school teachers have to pass a public examination, which is, somehow, a guarantee of competence.
Public school is also a laudable model of integration. In public schools children from very different origins (immigrants, lower classes,..) share space with the rest of the students, whereas in the private schools they tend to segregate, not accepting  “troubled” children.
Religion is another important point. In a secular State, as ours is, religion should be learnt within the families and at temples (churches, synagogues, mosques...), but, in no case, at school. Religion belongs to the private sphere of the person not to the public one.


On balance, if we want to move towards to a fairer, more egalitarian and happier society we must protect our rights and our, now damaged, Welfare State; public education is one the key factors to achieve our objectives.


sábado, 30 de abril de 2016

La piel quemada

La había visto hace muchos años, y el otro día la pasaron por La 2 y la volví a ver. Me conmoví con los ojos de quien se siente emocionalmente muy cercano a los escenarios y a la temática de la película.
Me parece que “La piel quemada”, de Josep Maria Forn, es una obra maestra no suficientemente reconocida. No es un documental, pero podría serlo. Es un retrato preciso, desgarrador y sublime de una época cargada de contrastes. Contrastes culturales, económicos, morales, lingüísticos…
La acción se sitúa en la España de los años sesenta. Una familia andaluza escapa de la miseria de su tierra para buscarse la vida en  una Cataluña desarrollada económicamente, y en donde empieza a despegar el fenómeno del turismo.
Las comunidades retratadas, los inmigrantes pobres, los catalanes autóctonos y los turistas europeos, forman los ingredientes de un cóctel explosivo. No quiero a desvelar el hilo narrativo.
Para mí la película tiene connotaciones que me golpean especialmente. Con un padre catalán y una madre andaluza, no puedo evitar sentirme heredero de ambas comunidades, de ambas “culturas”. Aunque mi madre emigró por amor –yo más bien diría enamoramiento- tengo familia andaluza que perfectamente podría haber protagonizado la película.
Rodada en Lloret de Mar –en el Lloret de los años sesenta, claro- no he podido dejar de tratar de adivinar los distintos escenarios donde se rodó la película: sus calles, atestadas de comercios y de turistas, sus hoteles que me parece – y seguro que me equivoco- reconocer, la preciosa iglesia de Sant Romà, etc.
Y también me emocionaron las imágenes del recorrido en un destartalado autobús de línea que seguía la carretera de la costa del Maresme. Pude reconocer el puerto de Arenys de Mar y su paso por Calella.
Todo en blanco y negro, como era aquella época…
No sé durante cuánto tiempo se podrá visionar a través de este link, pero si les apetece disfrutar de esta joya, ahí lo tienen:




domingo, 3 de abril de 2016

Aliter dulcia: una experiencia inolvidable…para no volver

Al principio de la calle San Bernardo de Gijón, cerca del Ayuntamiento, hay una cafetería que podría ser deliciosa si no fuera por el hecho de que no lo es.
Lo más atractivo –lo único- es la estética del local: gran cristalera, colores claros, mobiliario con un toque un tanto rústico, el colorido de unos pasteles que se exhiben sin pudor,…una experiencia para los sentidos, ¡pero qué experiencia! Ahora les cuento.
Lo peor: los camareros. Desconozco si se trata de empleados, propietarios o simplemente saboteadores, pero la atención deja muchísimo que desear. Parece mentira que un lugar tan fino sea atendido por personas tan hoscas.
En sonrisas no gastan, deben reservarlas para días especiales. Al atenderte tienes la sensación de que te están perdonando la vida; pocas palabras, las justas, y una mirada amenazante que parece decir aquí no nos gustan los forasteros.
Por desgracia, en el mundo de la hostelería existe este tipo de camareros. Pero mientras en el bar de la esquina -con sus ensordecedoras máquinas tragaperras,  clientes y televisor compitiendo por ver quien grita más, con los baños en estado de shock y sin papel (¡siempre se acaba cuando le toca a uno!) - como decía, mientras en ese contexto casi se agradece que el camarero te arroje la consumición a la cara, cuando uno acude a un local tan chic, tan fisno, espera otras calidades.
No obstante, hubiese pasado por alto la falta de amabilidad si no fuera por lo que me sucedió ayer por la tarde en Aliter Dulcia.
Estaba paseando con mi querida esposa y decidimos entrar a tomar un café en la cafetería de marras. Antes de sentarnos comprobé que hubiese pación, o sea, prensa diaria. Ya he comentado en alguna ocasión mi afición por hojear la prensa en las cafeterías. No es para mantenerme informado, ya sé que sólo cuentan mentiras, es sólo para distraerme.
Observo que tienen “El Comercio”, “El País” y “El Mundo” y alguna revista. ¡Qué bien! Mierda de primera calidad. Nos quedamos.
Tras hojear “El Comercio” me dirijo al revistero y observo que está totalmente desnudo. Echo un vistazo por las mesas y ni rastro de la prensa. Extrañado, pregunto a los camareros por los periódicos, y –perdonen si pongo cara de estupefacción- me responden que los han retirado. Que los sábados por la tarde los retiran por “política de empresa”, por “rotación de mesas” (sic). ¿Política de empresa? ¿Rotación de mesas? ¡¿qué coño de lenguaje es ese?! ¡¿estoy hablando con Vueling?!
Parece ser –me aclaran con inquina- que hay clientes que se pasan la tarde leyendo los diarios con una consumición e impidiendo que otros clientes (obviamente, no les preocupan los clientes sino la recaudación) ocupen esas mesas. Les hago saber que yo solo pretendo hojear la prensa y no pasarme la tarde en su local, y les exhorto educadamente a que me devuelvan “mis” periódicos. Inflexibles, arrogantes, niegan con la cabeza, los periódicos ya han sido” retirados”. Ahora me acuerdo de Blade Runner.
En estos momentos es cuando más lamento ser educado, la buena educación me pierde, y el lugar de montar un numerito –que es lo que me hubiese apetecido- les respondo con condescendencia y sonrisa impostada: Está bien, va bien saberlo (eso de la política de empresa, y de la rotación de mesas)…para no volver.
Giro con dignidad fingida, apuro el café, pago y marcho para no regresar jamás. Mi política de cliente pasa por no volver allá donde me han tratado mal.



Reflexión post-partido:
Una cafetería es muy libre de tener prensa o de no tenerla. Obviamente, los periódicos pueden ser un señuelo para atraer clientes o convertirse en un engorro para el negocio cuando algún parroquiano se apalanca en una mesa. El mesonero decidirá qué le compensa más. Lo que me parece inaceptable es mostrar la existencia de periódicos y, en medio de la lectura, retirarlos.

¿Cuál es la política de empresa de Atelier Dolcia, aparte de la pésima educación? Disponer de periódicos cuando no hay muchos clientes -la prensa como cebo- y retirarla cuando presumen que va a haber mucho movimiento –la prensa como problema-. Bien, si al menos esa retirada se hiciera discretamente, por ejemplo, cuando no hay clientes, no tendría nada que objetar, pero lo que es a todas luces inadmisible es que te dejen con la lectura a medias (lectio interruptus), con la mierda en los labios. Y ya el colmo es que la pidas, admitan que la tienen escondida, y te la nieguen. ¿Es esa forma de tratar a un cliente?


sábado, 12 de marzo de 2016

Se equivocó la paloma







Se equivocó la paloma.
Se equivocaba.
Por ir al norte, fue al sur.

                                                                                               Rafael Alberti




Oigo a María Teresa Rodríguez, de Podemos, decir que repetir las elecciones sería transmitir a la ciudadanía el mensaje de que los ciudadanos se han equivocado al votar, y de que tienen que volver a hacerlo, esta vez correctamente. Y que eso es absurdo: ¿cómo se puede afirmar que los españoles se han equivocado?

La verdad es que suena extraño, divertido pero extraño. Eso supone tratarnos de idiotas; y una cosa es que lo seamos, y otra bien distinta es que te lo restrieguen.

Para empezar me parece que la frase contiene un error de enunciado: ese, bastante habitual, por cierto, de atribuir características comunes a un conjunto heterogéneo de individuos. Me recuerda esas estúpidas encuestas donde se hacen preguntas tales como: ¿los españoles saben ligar? Si me preguntaran, arquearía las cejas y diría algo así como: pues los hay que sí y los hay que no; ¿haces algo este sábado?

Llegados a este punto, y descartando, por absurdo, un “error del conjunto” sí cabría preguntarse si hay votantes que se han “equivocado” al votar. No me refiero a que se hayan confundido al meter la papeleta en el sobre, que también los habrá, sino que voten a una opción política que va en contra de sus intereses. Por supuesto. Y hay abundante literatura científica que avala esta tesis. De hecho, me parece que es la norma en todas las democracias liberales, por aquello de la hegemonía cultural (Antonio Gramsci y otros).

Tengo familiares, amigos y conocidos que, desde mi punto de vista, y acorde con su status socio-económico, han votado a opciones políticas que, reitero, en mi opinión, son perjudiciales para sus propios intereses, y para los de la mayoría social del país. Votantes, algunos confesos y gozosos, otros más más inhibidos –algo de mala conciencia deben tener- que han votado al PP, al PSOE o a Ciudadanos.

Si finalmente hay nuevas elecciones tienen una magnífica oportunidad de redimirse, de no volver a “equivocarse”, de no ir al norte cuando querían ir al sur, de no creer que mar era el cielo y la noche, la mañana...



sábado, 20 de febrero de 2016

The Man At The Bus Shelter


It is funny imagining things about people you come across every day at the same places.

Since several years, every morning, at the same hour, and at the same bus shelter I  catch the same bus to commute to work. Most people usually get into the queue not saying anything. However, there is a man who always says “good morning”. Nothing special if it weren´t for the way of saying “good morning”; deep and husky voice, and his sinister aspect. This enigmatic man is in his fifties, almost bald and old-fashioned dressed. His way of lookig is also disturbing, it is difficult to describe, but I always feel troubled. I prefer not to bump into him. It is an embarrassing situation, at least for me. I cannot imagine what goes through his mind.
One day, in the evening I was strolling with my partner and I saw the man. I told her: Look at this guy, honey. This is the strange man that I talked about,… the man I come across every morning at the bus stop”. Then, she smiled telling me: Oh, I know that man, he´s my parents´ neighbour; he is, you know, a special person,…slightly retarded. -Wow, that explains it all- I sighed…

From that day, every moring I have seen that man in a different way. I felt sorry for him and I try to be warmer towards him. I think I am the only person at the line that understands his situation, his “secret”…Sometimes, when I get a chance, I give him some candies and comic books. He always looks so grateful!
Some months later, my partner Laura and I were walking in the quarter when we saw the man. We nodded and smiled at him and, suddently, Laura told me: Do you remember what I told you about that man some months ago? yes, of course- I assented-. Well –she added- I was totally wrong, you know, I was talking to my parents about that man and they told me he is not mentally handicapped… he works as a senior official for the Department of the Treasury.  Actually, he is a extremely intelligent man. I just mixed  him up with another neighbour.

From then on, I go to work on foot. I have always thought of doing exercise,  breathing fresh air and feeling the dew drops would be good for me.


sábado, 30 de enero de 2016

The beating


It was such a traumatic experience in my childhood that I assume that is the reason I can clearly remember what happened that day.

My parents were always against corporal punishment, although they might have slapped me a few times when I was five or six years old.
I probably was nine or ten -I thought this form of punishment had come to and end - when my aunt offered to take me  for a walk. I used to have fun with my aunt. She was so much fun!
When my mother said no, I got tremendously upset. I insisted like a spoiled child. I was eager to go out with my lovely aunt. There was nothing I could do; my mother was firm.
I started to cry like a madman and my mother began to shout. I was out of control and hitting the glass of the window until it smashed. I was really frightened. My mother lost her temper and started to beating me.
I was not used to being beaten so that I hold this episode of my boyhood as one of my worst memories.
Many years later, when talking to a psychologist about physical punishment during my childhood, she told me corporal punishment was the last option. I was highly surprised: the last option! So is it an option, although it is the last one? 



sábado, 12 de diciembre de 2015

¿Sueñan los ancianos con urnas eléctricas?




The Water is Wide

                                                                                  Canción tradicional celta



Cuando yo era niño, o tal vez adolescente, no recuerdo bien, vi por televisión una película que me sobrecogió sobremanera. No recuerdo el título, ni los actores, ni el director, ni nada. Seguramente se trataba de una película mediocre o de un film para televisión porque jamás he vuelto a verla, ni a saber de ella.
La historia transcurría en una sociedad futura, donde, gracias a los avances de la medicina, los viejos no se morían ni a tiros. El gasto social era tan insostenible -¿les suena el argumento?- que el Estado, todo legalmente, por supuesto, se encargaba de retirar a esa ingente masa de seres improductivos.
Al alcanzar cierta edad los venerables ancianitos eran invitados a unas vacaciones pagadas en un crucero de lujo. Organizadas por un IMSERSO generoso, todo hay que decirlo, el barco, cargado de seniors, levaba anclas y emprendía un maravilloso y postrero crucero de placer.
¿Recuerdan la serie “Vacaciones en el mar”? Pues lo mismo, pero en este caso los clientes nunca retornaban a puerto. El barco regresaba vacío –salvo la tripulación, claro- para embarcar a una nueva remesa de viejos improductivos que también serían retirados. Y así sucesivamente.
Ese último y definitivo viaje no sólo era legal, sino que además era socialmente consabido y aceptado.
Así, de tan inhumana forma, las sociedades futuras habían solucionado la problemática del enorme gasto social generado por  la tercera edad.

Todo esto viene a colación porque ayer me acordé de esa película. Estaba leyendo un artículo de opinión donde se decía que, según los estudios sociológicos, el voto cautivo del PP se encuentra en las franjas de mayor edad.
Así que los viejos puede que ya no sean "productivos", pero son enormemente útiles al PP, y, en menor medida, al PSOE.
Gracias –es un decir- a nuestros mayores es probable que el PP gane, again, en las próximas elecciones del 20 de diciembre.
El estudio decía que si sólo votaran los menores de 55 años, el PP pasaría a ser tercera fuerza política, y que si sólo lo hicieran los menores de 45 –¡tampoco hay que pasarse!- pasarían a ser la cuarta fuerza política. Tentador, ¿eh?

El lector o lectora inteligente ya habrá establecido macabras conexiones entre la película futurista, y una posible solución para el cambio político.

A mí matarlos me parece excesivo, sinceramente, pero ¿qué tal organizarles unas vacaciones que coincidan con la cita electoral? ¡Con lo bien que se debe estar en Canarias por estas fechas!
Sin ánimo de ofender, yo sueño con un mundo mejor, sólo me pregunto si los ancianos también sueñan…