miércoles, 6 de septiembre de 2017

Lo que pasa en Catalunya...




Hace unos días  estuvimos con una pareja de amigos de Salamanca que vinieron a Gijón. Cuando el sol ya se había puesto y nuestra conversación languidecía con el día, Zacarías me preguntó: ¿y tú qué piensas de lo de Cataluña?  Te voy a dar mi opinión –añadió casi sin respiro- a mí me parece que allí se quieren montar su propio cortijo unos cuantos…

Resoplé. No es que no quisiera hablar del tema, es que era sabedor de que dijese lo que dijese, no me entenderían. No lo entenderían. La frase de mi amigo no es original; se trata de uno de los leitmotivs del discurso dominante, como diría Javier Ortiz, al sur del Ebro.

Empecé mi alegato y ella enseguida desconectó. Él me escuchó todo el tiempo con respeto pero con recelo, o eso me pareció.

Uno tiende a pensar que con la palabra razonada es posible persuadir al otro de casi cualquier cosa, pero la realidad es obstinada y te muestra repetidamente cuán difícil es que los humanos cambiemos nuestra manera de pensar. Nos sentimos más seguros guarecidos en nuestra covacha de ideas.  Somos demasiados perezosos o miedosos -o ambas cosas- como para exponernos a la intemperie, donde quién sabe qué rayos de ideas podrían caernos encima. He ahí la primera dificultad: salir de la caverna y cuestionarnos nuestras propias opiniones.

Vayamos a por la segunda. Hablar de nacionalismo cuando se parte de sentimientos distintos es muy delicado. El discurso lo controlan más nuestras emociones que nuestra capacidad de razonamiento. Por ello no suelen conducir a un entendimiento.

El tercer escollo -casi insalvable- es el hecho de estar expuestos permanentemente a determinados discursos e intereses. Mientras que en Catalunya (también en Euskadi) coexisten dos discursos -y sus matices-,  en el resto del Estado sólo existe uno. (Bueno, para ser justos hay que admitir que hay dos: el que no quiere oír hablar de más nación que la española –claramente hegemónico- y el que tímidamente y con la boquita pequeña balbucea algo sobre plurinacionalidad o hace malabarismos con las palabras: nación de naciones,…. Los medios de comunicación - de persuasión-  bombardean a diario a ambos lados del Ebro. Pero al sur del río, sólo caen las bombas de un bando. ¡Qué aburrido, no sabéis lo que os perdéis!

La cuarta dificultad creo que es el desconocimiento. Me parece que gran parte de la población española ha aprendido una Historia esencialista focalizada en la unidad de destino de España. No diré que sea una Historia falseada, aunque lo piense, pero sí interesada, como todas, dicho sea de paso.  Pero esa orfandad de matices impide tener  una visión comprensiva (en todas sus acepciones) de la Historia de los pueblos que han pululado y siguen pululando esta península.

Una quinta dificultad viene condicionada por la cuestión económica, la butxaca. Catalunya, con un 17% de la población española y un 19% del PIB nacional,  es una de las vacas gordas del Estado: ¿quién querría desprenderse de una fuente de riqueza así?

Concluyendo,  vivir en una zona determinada de España no es determinante para tener una opinión u otra, pero, estadísticamente, me parece que es un elemento que suele condicionar esa opinión.
Todo esto,  me parece, son ingredientes que, en el común del ciudadano, han dificultado tradicionalmente el entendimiento entre Catalunya y España.

Así, cada vez que uno lee o escucha argumentos, muchas veces bien razonados, otras no tanto, defendiendo determinada postura, tengo la sensación de que nada más empezar la primera línea, nuestro cerebro ya tiene formada una opinión favorable o desfavorable del mismo. Y es que, como decía Eduard Punset con desmedido acento catalán, el cerebro no está diseñado para averiguar la verdad, sino para sobrevivir.

Me gustaría estar equivocado, y seguiré actuando como si lo estuviera. Continuaré dando mis opiniones, adaptadas al interlocutor, con la esperanza de que algún día, más pronto que tarde, nos entendamos. Debe ser cuestión de supervivencia…

Por ello, esa agradable tarde de verano, cuando el sol se había puesto, le conté a mi amigo castellano cómo veía yo lo que pasa en Catalunya.


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