sábado, 5 de septiembre de 2015

“Junts pel sí” o cómo nos la quieren meter doblada, la estaca







Siset, que no veus l´estaca
            LLuís Llach


Hay que quitarse la barretina ante la hábil jugada de Artur Mas. Su partido, CDC, ya divorciado de Unió, y en predecible retroceso (recortes, corrupción 3%, …), ha logrado, en connivencia con ERC y otros estamentos de la sociedad civil catalana, crear una opción electoral que, parece, está prendiendo en muchos catalanes.
La idea de la independencia (la secesión del Estado español, mejor dicho) seduce a mucha gente. Y, como dice Isaac Rosa en su artículo ¿Puede ser el 27S lo mejor que le pase a España? los deseos de marchar están presentes en gran parte de la población española, independientemente de su lugar de residencia.

Centrémonos en el caso catalán. El mensaje que se nos da (vía catalana, es decir, vía TV3, Catalunya Ràdio, Ara, El Punt/Avui,…) desde “Junts pel sí” es el siguiente: La solución para Catalunya pasa por alcanzar la independencia –o sea, la secesión- del Estado español. Por tanto se trata de plantear las elecciones en clave plebescitaria.
“Junts pel sí” pretende aglutinar todas las sensibilidades desde la izquierda hasta la derecha para empujar en un única dirección: ¡IN- INDE-INDE-PEN-DÈN-CI-A!. Supuestamente, una vez logrado el anhelado cisma, y ya con un nou Estat d´Europa, se disolvería el Parlament y habría elecciones “normales”, con sus izquierdas, sus derechas, sus centros, etc. Igual que en cualquier país civilizado, como diría Maruhenda.

La CUP mantiene la confluencia estratégica por el inicio de un proceso constituyente catalán, pero, con buen criterio, a mi juicio, no confluye electoralmente con Artur Mas y Cía. ERC, que tiene (mucho) más de catalanista que de izquierdas -así lo admite su líder Oriol Junqueras-, sí.
Ni que decir tiene que el resto de partidos no tiene por qué seguirles el juego; al fin y al cabo, lo verdaderamente cierto es que se trata de unas elecciones para establecer la composición del Parlament, y la posterior formación de un –espero- nuevo Govern.

Josep Fontana, en una entrevista reciente, es preguntado por las próximas elecciones catalanas. El historiador catalán no ve a corto ni a medio plazo la posibilidad de la secesión de Catalunya. Teóricamente existen dos vías: la negociada y la de la fuerza. ¿Por qué –argumenta Fontana- iban los gobiernos españoles a desprenderse de una de las mejores vacas? Ningún gobierno español, a día de hoy, lo haría. En cuanto a la vía de la fuerza, ¿qué fuerza tiene Catalunya? ¿Acaso los Estados Unidos de América correrían en su apoyo? ¿Tal vez lo haría Unión Europea, esa misma que multa por exhibir banderas independentistas en la final de Champions?

Pero supongamos que Josep Fontana estuviese equivocado, que sí fuese posible la secesión y que la mayoría de la población catalana la desease (habría que fijar qué entendemos por “la mayoría”; otro tema controvertido). Todo esto es mucho suponer, pero hagamos ese esfuerzo. ¿Sería entonces deseable, desde una perspectiva netamente de izquierdas - si es que el vocablo sigue teniendo vigencia- confiar en una opción como el “Junts pel sí”, con Artur Mas, y CDC al frente? En mi opinión, rotundamente no.

Es ingenuo pensar que el papel de la derecha catalana no iba a tener efectos (perversos) en la gestación del nuevo Estado; en su estructura, en su armazón jurídico. En ese periodo de gobierno constituyente habrá que determinar aspectos fundamentales del nuevo Estado como, por ejemplo, el régimen electoral, ¿aplicación de la Ley d´Hont? ¿Seguir priorizando el peso del voto rural, tradicionalmente más conservador?  etc.

Concluyendo, me temo que si el próximo President vuelve a ser Artur Mas (el tapado de la lista), nos esperan cuatro añitos más de gobierno liberal, de recortes y de miseria.
Nos la quieren meter doblada, la estaca. Que las banderas no nos hagan bebernos el entendimiento.





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