domingo, 14 de diciembre de 2014

La Marató de TV3 o la cultura de la limosna

Como cada año por estas fechas tan sensibleras, TV3 apela a la conciencia de los ciudadanos para colaborar con donativos por una “causa justa”.  La especialidad de La Marató de TV3 es la obtención de recursos económicos para la investigación científica de enfermedades que, hoy por hoy, no tienen cura.
Últimamente, y en clara relación con la crisis económica, están proliferando este tipo de iniciativas. Y esto me preocupa.
Siempre he pensado que la limosna es un acto de limpieza de conciencia por parte de quien la da, y de una miserable prórroga para quien la recibe. Y en todo caso, jamás ha servido para erradicar la pobreza.
Desde una concepción individualista de la sociedad; la postulada por la ideología neoliberal –recordemos que Margaret Thatcher decía que la sociedad no existía, que sólo existían individuos y familias-,  desde esa perspectiva, tal vez tenga sentido la limosna o los donativos.
Sin embargo, para los que creemos en otro tipo de sociedad, esa demostración de solidaridad estaría, en mi opinión, mal encauzada.
Si entendemos, y no debe ser tan extraño cuando se contempla también en la Declaración  Universal de los Derechos Humanos, que todas las personas tienen derecho a una vida digna, ¿quién es responsable de velar por el cumplimiento de ese derecho cuando las personas por si mismas no pueden acceder a esa dignidad? En mi opinión, el Estado. O sea, las instituciones que conforman el Estado.

A menudo, cuando hablo de este tema con amigos o familiares la réplica suele ser: “Ya, debería ser el Gobierno, pero si ellos no lo hacen, ¿qué?, ¿dejamos que se mueran?, ¿no colaboramos con la financiación en investigación de enfermedades?
Admito que no tengo una respuesta del todo convincente para ellos. Y sin embargo, sigo pensando que es un error. No exigir a los Gobiernos que cumplan su cometido, y hacerles el trabajo, no soluciona los problemas, y, además, les sirve en bandeja de plata una coartada perfecta para desatender sus responsabilidades. Sería fantástico que estas fundaciones que organizan estas campañas solidarias, en lugar de exigir dinero a los ciudadanos, exigieran responsabilidad al Gobierno. Pero sospecho que eso no les interesa.

En este circo de donaciones lo más patético se produce cuando grandes empresas como El Corte Inglés o Microsoft, por poner algún ejemplo, presumen de solidaridad mediante donaciones, que pueden parecen considerables para un ciudadano pero que son calderilla para ellos. Evidentemente, para estas empresas se trata de un intento de limpiar su imagen, y no un acto generoso y desinteresado. Esas mismas empresas, no tienen remilgos en explotar a sus trabajadores, y en pagar los menos impuestos posibles, no fuera que con esos impuestos se atendieran gastos sociales. ¡Hipócritas!


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