martes, 12 de agosto de 2014

Renta Básica Universal: algunas dudas razonables



¿Habrá otro, entre sí decía, 
más pobre y triste que yo?; 
y cuando el rostro volvió 
halló la respuesta, viendo 
que otro sabio iba cogiendo 
las hierbas que él arrojó.

De “La vida es sueño” de Pedro Calderón de la Barca


Hace unos años asistí a una conferencia en Avilés del  profesor de economía de la Universidad de Barcelona Daniel Raventós. La conferencia versaba precisamente sobre Renta Básica Universal. Resultó una charla no sólo interesante sino también muy ilusionante. El doctor Raventós es una de las personas que más ha estudiado esta propuesta en nuestro país.
Según el profesor con algunos cambios en el Impuesto sobre la Renta, es decir, atendiendo a la progresividad fiscal (tal como recoge la Constitución Española), sería perfectamente posible aplicar una renta básica para todos los ciudadanos.

Entonces este tema no formaba parte del circo mediático, así que guardé estas enseñanzas en el disco duro de mi cabeza para utilizarlas cuando las circunstancias lo permitiesen.
Ahora ese soplo de aire fresco llamado Podemos ha sacado de los cajones esta vieja propuesta y a muchos les ha entusiasmado. A mí también, pero albergo algunas dudas.

La primera es cuestionarme si la aplicación de una Renta Básica va a suponer una sustitución, en parte, se entiende, de algunos de los servicios del Estado del Bienestar (sanidad, educación, pensiones, desempleo, dependencia,…). Si el espíritu de la Renta Básica es entregar dinero a los ciudadanos para que paguen totalmente o en parte servicios que ahora proporciona en Estado no me vale. Prefiero avanzar en la calidad de los servicios públicos, deteniendo primero la sangría de recortes y, a continuación,  aumentando el presupuesto en gasto social, que, por cierto, es de los más bajos de la Unión Europea.

Si, por el contrario, el espíritu de la Renta Básica no es competir con los servicios sociales sino ser un añadido, entonces me temo que va a resultar muchísimo más complicado de implementar. Si el mero tufo a Renta Básica, per se, ya ahuyenta a muchos, y no sólo de la derecha, no quiero pensar las vestiduras que se rasgarían si pedimos la Luna.

Bien, seamos optimistas. Supongamos que la Renta Básica no va suponer una merma en los servicios públicos y que hemos logrado una mayoría parlamentaria para dar vía libre a la implantación de una renta básica universal. ¿Cuáles serían los efectos?

Parece lógico suponer que implicaría una mejora económica para la mayor parte de la población. ¿Erradicaría la pobreza?. En algunos casos sí, en otros la mitigaría y en otros no. Depende de lo pobre que sea uno. ¿Acabaría con la marginalidad?. No me parece; para combatir este problema son necesarios otro tipo de actuaciones, y no me refiero a la policía.

¿Se sentirían los trabajadores más fuertes a la hora de negociar sus salarios y demás condiciones de trabajo?. Teóricamente sí, pero ¿y en la práctica?
A mí me da por pensar mal y me imagino una situación que ilustraré con un ejemplo. No sé lo que gana un camarero. Imaginamos que en la actualidad un camarero en un local X (quiero decir en uno local indeterminado, no necesariamente X), gana 1200 euros por 8 horas de trabajo (que en realidad son 9 ó 10).
Imaginemos que se implanta la Renta Básica. El local X necesita un camarero y si antes pagaba 1200 euros ahora ofrece 600. El dueño le dice al candidato: “Macho, te ofrezco 600 euros, qué más quieres, con lo que te da el Estado tienes pa´ vivir de sobra, ¿o es que te quieres hacer rico a mi costa? A lo mejor ese candidato le responde: “¡Pues métete el trabajo por el culo, yo no me dejo la piel por 600 euros, explotador de mierda!”.  
Y así con varios candidatos que sistemáticamente rechazan ser sobre-explotados. Pero hete aquí que llega otro, que por las razones que sea, necesita imperiosamente esos 600 euros que le ofrecen. Y acepta el trabajo.
La duda planteada en términos más generales sería la siguiente: ¿podría le Renta Básica, en un efecto contrario al buscado, suponer una bajada de salarios, al menos en algunos sectores,  toda vez que el empleador la utilizaría como coartada para presionar a la baja?

Otra duda que me asoma es si la llegada de ese dinero al mercado de bienes y servicios cotidiano –un dinero que antes estaba en la burbuja financiera- pudiera suponer un alza de precios. Si la inflación no es alta tampoco esto sería un gran problema.

¿Estimularía el consumo? Sin duda, pero no estoy tan seguro de que eso sea una buena noticia. Depende del tipo de consumo. Pero este es otro debate que sería prolijo abrir ahora.

¿Favorecería la igualdad entre hombres y mujeres? Podría ayudar en lo económico, pero lo imprescindible, pienso, son los cambios de mentalidad, y aún estamos lejos.


En definitiva, y para ir concluyendo, me parece muy positivo introducir el tema de la Renta Básica en el discurso político, aunque sólo sea para reforzar la idea de que es necesario abandonar las políticas que incrementan las desigualdades y retomar, una vez más, la lucha por una mayor democracia, mayor igualdad, más solidaridad y –lo que es más ambicioso- otra sociedad más justa, sana y  feliz.

Mantengo algunas dudas sobre la Renta Básica, pero el debate es interesante, sin duda.




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